400 A. C. Los especialistas griegos de Siracusa, en la costa oriental de Sicilia, idearon la catapulta (del griego que significa arrojas abajo, llamada balista por los
romanos). En sus primeras formas, se asemejaba a un
arco gigantesco e inmóvil, que precisaba de muchos hombres para tensarlo. Cuando se lo soltaba estrellaba contra la
muralla de una, ciudad no una flecha, sino una gran
piedra, o bien se proyectaba sobre las
murallas de manera que cayese dentro de ciudad.