La linea que tu espalda ha dividido
en palidas regiones se pierde y surge
en dos tersas mitades de manzana y sigue
esperando tu hermosura en dos
columnas
de oro quemado, de alabastro fino,
a perderse en tus pies como dos uvas,
desde donde otra vez arde y se eleva
el
arbol doble de tu simetria,
fuego florido, candelabro abierto,
turgente
fruta erguida sobre
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