Agua fría
La judicium aquae frigidae fue introducida probablemente por el Papa Eugenio II (824-827).
En la prueba, el acusado era atado y se le descendía con una cuerda a una masa de agua mientras se repetía el rezo:[2] deja que el agua no reciba el cuerpo de aquel que, liberado del peso de la bondad, es llevado por el viento de la injusticia.
Al contrario que en el caso de la prueba de agua caliente, aquí era necesario que se produjera un milagro para declarar culpable al acusado. Si la
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