No sé como estarán a nivel de contratos actualmente, pero antes de la invención del cuñado disc-jockey con disco duro repleto de mp3 eran los que se dedicaban a amenizar las bodas. Aparecían de repente entre los postres y los cafés y se dedicaban a cantar su repertorio más conocido. Ya sabéis, los clavelitos; el vino que tiene Asunción no es blanco ni tinto ni tiene color; carrascal, carrascal, qué bonita serenata y etcétera, etcétera. No será por canciones, si una cosa tiene la tuna es que cuando ... (ver texto completo)
