FREILA (Granada)

mi cortijo
Foto enviada por antonio

# No hables mal de las mujeres si te espera una en casa.
# No hables mal de las mujeres si en tu casa mujer tienes.
# No hables mal de las mujeres ni pongas mala fama, que una mujer es tú madre y otra mujer es tú hermana. (Enviado por: Mª Luisa Martínez)
# No hablar, para no pecar.
# No habla mejor quien más voces da.
# No habla el ciruelo, pero hasta donde está él, se hace el sendero. (Enviado por: Mª Luisa Martínez)
# No habiendo enemigo enfrente, todo el mundo es valiente.
# No haber peor, ya es mejoría (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
Hoy amanece en FREILA a las 08:04 y anochece a las 18:46
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Más tarde negaría su participación en los desquiciados rituales, asegurando que el Padrino la retuvo contra su voluntad al haberse descubierto la matanza de Matamoros.
Confesaría además otros crímenes brutales, como en el que uno de los miembros de la secta mantiene a la víctima con vida después de haberle cortado el pene, las piernas y los dedos de las manos. Le abre el pecho de un machetazo y le agarra el corazón sin desprenderlo, lo muerde a dentelladas mientras el moribundo lo mira agonizante.
Mientras éstos eran perseguidos, las detenciones en distintas ciudades con narcosatánicos se multiplicaban. Finalmente, el 6 de mayo son descubiertos en el Distrito Federal por algunos agentes de la policía judicial que se hallaban registrando la zona y, sintiéndose acorralados, los cómplices del Padrino comienzan a dispararles desde la ventana de un edificio ubicado en la calle Río Sena de la Ciudad de México.
Sintiendo que el fin de sus crímenes estaba cerca, Adolfo y sus cómplices se refugian en una mansión de las más lujosas del Obispado de Monterrey, protegida con un circuito cerrado con seis cámaras que vigilaban el jardín y accesos a la vivienda.
Sara se convierte en gran sacerdotisa del culto y participa activamente en todas las sangrientas ceremonias, además de reclutar a nuevos miembros y explicarles las actividades de la secta.
Ávido por obtener más poder comienza a efectuar sacrificios en sus rituales, para dar mayor sensacionalismo y espectáculo, siempre ayudado por una joven divorciada que se convertiría en su musa y amante, la estudiante norteamericana de veinticuatro años Sara Villarreal Aldrete.