Unidad y diversidad
Es sabido que todas las religiones plantean objetivos con sus correspondientes recursos y programas a fin de alcanzar una vida exitosa de acuerdo a la concepción de cada religión, pero de ninguna manera, pueden garantizar que sus fieles sigan realmente los preceptos fundantes.
Todos los credos admiten que las personas aún llenas de buenas intenciones, deben luchar contra el mal, el pecado y la ignorancia. Y hay incluso quienes utilizan las religiones como armas para obtener poder e incluso perjudicar a los demás. Aún hoy, cuando estas formas de proceder son claramente etiquetadas como incorrectas por el pensamiento religioso, existen personas que, ancladas en esquemas tribales, hacen poco por modificar su conducta en función del bien común.
Las religiones son una base fértil en la cual puede germinar el mal y el abuso de poder, pero del mismo modo, pueden revelar la belleza, la virtud y la sabiduría. Sería injusto ignorar que millones de hombres y mujeres de fe, transmiten silenciosamente la verdad presente en la regla de oro y hacen de sus creencias un tributo a la vida.
Cabe preguntarse si este planteo significa que todas las religiones deberían trabajar unidas sobre una moral común a fin de traer nuevas esperanzas para el mundo. A lo mejor, las religiones pueden ofrecer respuestas de tolerancia, amor y solidaridad en donde otros propuestas han fracasado. Pero a lo mejor, esto es solo una utopía, cada religión tiene sus propios intereses: diferentes cosmovisiones y cosmogonías, diferentes concepciones de Dios, diferentes formas de concebir la salvación y la trascendencia. A veces, estas diferencias parecen irreconciliables, otras, solo variantes de una misma idea central.
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