LAS LUCES
Esta
historia me la contó una chica de unos 16 años, y no le sucedió a ella, sino a su madre, una española que emigró a
Alemania para buscarse la vida, teniendo que alquilarse una
casa con su
joven esposo que apenas tenía comodidades.
Eso sí, tenía visitantes misteriosos.
Al principio sólo eran sonidos, rasguños en la almohada que mantenía abrazada mientras trataba de descansar después de tantas horas de trabajo. Le asustó, cierto, pero mantuvo la calma y pensó que era su propio agotamiento
... (ver texto completo)