Bob, “El Flaco”, estaba regresando a casa animado tras una noche de juerga con sus colegas del taller de reparación de motos, cuando vio a Zonco acercándose por el mismo lado de la acera.
- ¡Jesús, Zonco! Eres un condenado zombie - farfulló, con el rostro acalorado por el esfuerzo de intentar echar a correr los ciento veinte kilos de su anatomía sedentaria.
- No te fayas - le llamó Zonco. - Tengo ganas de comer algo.
A pesar de su caminar mucho más lento de cuando vivía, logró prender a su ... (ver texto completo)
- ¡Jesús, Zonco! Eres un condenado zombie - farfulló, con el rostro acalorado por el esfuerzo de intentar echar a correr los ciento veinte kilos de su anatomía sedentaria.
- No te fayas - le llamó Zonco. - Tengo ganas de comer algo.
A pesar de su caminar mucho más lento de cuando vivía, logró prender a su ... (ver texto completo)