IDILIO (A Rafaelito)
Por las altas cumbres / del oriente, cándida / sonríe la aurora / tras nubes de nácar;
y a su influjo dulce / los prados se esmaltan, / las nubes se borran / los cielos se aclaran.
Se entreabren las flores, / se agitan las auras, / y cantan las aves, / y ríen las aguas.
Las ovejas salen / a pacer, y mansas, / los pasos no pierden / de bellas zagalas,
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Por las altas cumbres / del oriente, cándida / sonríe la aurora / tras nubes de nácar;
y a su influjo dulce / los prados se esmaltan, / las nubes se borran / los cielos se aclaran.
Se entreabren las flores, / se agitan las auras, / y cantan las aves, / y ríen las aguas.
Las ovejas salen / a pacer, y mansas, / los pasos no pierden / de bellas zagalas,
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Mientras los corderos / retozan y balan, / y corren, y triscan, / y juegan y saltan.
Qué cierto es que los corderos hacen esas cosas: mochas veces pude contemplar sus juegos. Su horario habitual de juego solía ser por las tardes, sobre todo si hacía fresquillo y sobre todo si la tripilla la tenían llena. El lugar idóneo solía ser los acirates despoblados de hierba y otros obstáculos en un tramo de unos 50 metros más o menos. El juego consistía en reunirse todos los corderos de la piara en ese lugar: ... (ver texto completo)
Qué cierto es que los corderos hacen esas cosas: mochas veces pude contemplar sus juegos. Su horario habitual de juego solía ser por las tardes, sobre todo si hacía fresquillo y sobre todo si la tripilla la tenían llena. El lugar idóneo solía ser los acirates despoblados de hierba y otros obstáculos en un tramo de unos 50 metros más o menos. El juego consistía en reunirse todos los corderos de la piara en ese lugar: ... (ver texto completo)