¡HOLA! ¿Cómo estais Francisco manuel, Pedro, José Antonio Sánchez, Jesús y cuantos dentro y fuera de Piconcillo os encontrais tal y tal?.
¡LA BORREGA!: Voy a contar lo de la BORREGA.
Yo estaba de Zagal con las ovejas de los familiares de José Antonio Sanchez y estávamos en la finca denominada Los Terreros, muy próximo a las eras de Pincincillo. Era el mes de Julio, sobre el medio día, un sol abrasador, las ovejas sesteaban, mi padre, madre y yó bajo la sombra de una bella y hermosa encina. No había nubes, la era en plena faena y repleta de actividad.
Me dirigí a los agricultores para decirle que amontonaran todo el contenido de la misma por que esta tarde iba a llover y todo se le estropearía.
Entre los presentes se encontraba el Sr Rogelio; Alcalde de Piconcillo en ese tiempo. La noticia sentó como una bomba de mal. Unos me maldijero, otros bromearon, otros no sabían que hacer, otros decían y con buen criterio que qué podía yo, un niño de 7ó8 años, saber de lluvia ni de viento ni ocho cuarto y que ni caso. El Sr. Alcalde dijo que me hicieran caso y se apostaba con migo una borrega. Si llovía él me la daba para que habiéndomela ganado iniciara así mis propiedades en la vida. Pero que si no llovía se me daría una paliza por cada uno de los allí presentes a los cuale perjudicaba con mis cuentos.
Hacepté. Pasaban las hora y no llovía, mi madre a la vista de lo cual inició ella la paliza con migo y si luego quedaba algo de mi, decía, que siguieran los demás.
Lloré, lloré y lloré. Se ve que de tanto llorar, de mis lágrimas se fueron formando nubes, de la nubes lluvias y de la lluvia una feroz tormenta, tan grande era ésta, que un pobre perrito pequeñito que yo tenía se lo llevó la corriente, que no era ni arroyo, ¡Y no lo volví a ver jamás!. Continuará. Un saludo de Germán desde Torrejón de Ardoz (MADRID)para todos vosotros.
¡LA BORREGA!: Voy a contar lo de la BORREGA.
Yo estaba de Zagal con las ovejas de los familiares de José Antonio Sanchez y estávamos en la finca denominada Los Terreros, muy próximo a las eras de Pincincillo. Era el mes de Julio, sobre el medio día, un sol abrasador, las ovejas sesteaban, mi padre, madre y yó bajo la sombra de una bella y hermosa encina. No había nubes, la era en plena faena y repleta de actividad.
Me dirigí a los agricultores para decirle que amontonaran todo el contenido de la misma por que esta tarde iba a llover y todo se le estropearía.
Entre los presentes se encontraba el Sr Rogelio; Alcalde de Piconcillo en ese tiempo. La noticia sentó como una bomba de mal. Unos me maldijero, otros bromearon, otros no sabían que hacer, otros decían y con buen criterio que qué podía yo, un niño de 7ó8 años, saber de lluvia ni de viento ni ocho cuarto y que ni caso. El Sr. Alcalde dijo que me hicieran caso y se apostaba con migo una borrega. Si llovía él me la daba para que habiéndomela ganado iniciara así mis propiedades en la vida. Pero que si no llovía se me daría una paliza por cada uno de los allí presentes a los cuale perjudicaba con mis cuentos.
Hacepté. Pasaban las hora y no llovía, mi madre a la vista de lo cual inició ella la paliza con migo y si luego quedaba algo de mi, decía, que siguieran los demás.
Lloré, lloré y lloré. Se ve que de tanto llorar, de mis lágrimas se fueron formando nubes, de la nubes lluvias y de la lluvia una feroz tormenta, tan grande era ésta, que un pobre perrito pequeñito que yo tenía se lo llevó la corriente, que no era ni arroyo, ¡Y no lo volví a ver jamás!. Continuará. Un saludo de Germán desde Torrejón de Ardoz (MADRID)para todos vosotros.