¡HOLA Piconcillo¡ Soy Germán. Florentino, Carmen Julia Jasr y todos los seguidores de mis narraciones. He vuelto de la playa dispuesto a contar la Historia de los perros Cantinero, Soberbia y Manchega, propiedad de los Arellano de Los Panchez y de los Romero de Piconcillo. Lugar de la Escena, Los Mártires, propiedad de los Romero
Cantinero era un mastín español grande y fuerte, de color blanco y lunares marrones y su hermana Soberbia era otra mastina de color negro como las moras, de estatura mediana, juguetona, traviesa y cizañadora. Ambos eran temidos por los lobos y caminantes. Gustosos de tumbarse en los caminos. Obligando a los usuarios del mismo a dar grandes rodeos por temor a ser atacados por ellos.
Yo tenía 7 años, ganaba de zagal solamente la cabaña (comida racionada) al mes. En Los Mártires, no había niños con quien jugar, por lo que decidí (y muy mal por cierto) hacerlo con Cantinero que era tranquilote y en ese momento estaba solo con migo.
El animal estaba acostado y yo le obligaba a que se levantara para utilizarlo como borrico, cargándolo con unos haces de matojos que yo componía y ataba con torviscas, y tal y tal hasta que cuando el perro creyó que ya había hecho bastante de burro se acostó de nuevo. Yo le obligaba a levantarse, a lo que él se negaba, ante tal actitud decidí, para fastidiarle por no querer seguir jugando, atarle una piedra al rabo para que cuando se levantara y corriera, ésta, le golpeara y yo me reiría. Pero Cantinero se hartó, se levantó, con tal fiereza, medió un manotazo, me tiró al suelo, caí boca abajo con la cabeza doblada hacia la izquierda lo que me permitía ver como se me echaba encima y como me devoraba.
Bueno como la narrativa se alarga y no va a coger en esta página, continúo en la fotografía siguiente con el título Cantinero 2ª parte. Chao, un saludo.
Cantinero era un mastín español grande y fuerte, de color blanco y lunares marrones y su hermana Soberbia era otra mastina de color negro como las moras, de estatura mediana, juguetona, traviesa y cizañadora. Ambos eran temidos por los lobos y caminantes. Gustosos de tumbarse en los caminos. Obligando a los usuarios del mismo a dar grandes rodeos por temor a ser atacados por ellos.
Yo tenía 7 años, ganaba de zagal solamente la cabaña (comida racionada) al mes. En Los Mártires, no había niños con quien jugar, por lo que decidí (y muy mal por cierto) hacerlo con Cantinero que era tranquilote y en ese momento estaba solo con migo.
El animal estaba acostado y yo le obligaba a que se levantara para utilizarlo como borrico, cargándolo con unos haces de matojos que yo componía y ataba con torviscas, y tal y tal hasta que cuando el perro creyó que ya había hecho bastante de burro se acostó de nuevo. Yo le obligaba a levantarse, a lo que él se negaba, ante tal actitud decidí, para fastidiarle por no querer seguir jugando, atarle una piedra al rabo para que cuando se levantara y corriera, ésta, le golpeara y yo me reiría. Pero Cantinero se hartó, se levantó, con tal fiereza, medió un manotazo, me tiró al suelo, caí boca abajo con la cabeza doblada hacia la izquierda lo que me permitía ver como se me echaba encima y como me devoraba.
Bueno como la narrativa se alarga y no va a coger en esta página, continúo en la fotografía siguiente con el título Cantinero 2ª parte. Chao, un saludo.