A BLAS JOSE ACOSTA RUANO ( Poeta cordobés y hombre honrado donde los haya)
Montoro, ¡ noble villa cordobesa!.
Atalaya en campos de olivos.
Ariete, a un azul cielo, que besas.
Tengo en ti presos, mis sentidos
Aunque en lejanas llanuras trigueñas
Vive, este tu Blas Acosta Ruano,
Con tus recuerdos le ensueñas
Cual en amor, sultán de lo arcano
Sobre brioso corcel literario,
Recorres plazas cuestas y callejas
De un Montoro, tan milenario,
Como de árabe barro, sus tejas
Traicionan nubes, y al ojo asoman
Evocando, de tus sitios las noblezas.
Jazmines tus altas calles aroman,
Evocando tiempos de grandezas
Yo le he visto, en un ¡ay!, suspirar
Anudada de amores la garganta,
En dulce ansiedad de luz, evocar
La sentida, montoreña, Semana Santa
Y le sabia, entre las gentes presente.
Esquinando san Bartolomé y la plaza,
Preso de romanos, Padre Jesús, silente.
Traicionado y entregado por su raza
Suspiro de cera ardía,
Ante Verónica al paso.
Soledad y cofradía
En un cielo, azul y raso
Así es tu Blas, ¡oye!, Montoro lejano,
Que aún viviendo entre las castillas,
Estás en su corazón, tan cercano,
Como lo está el mar de sus orillas
Montoro y Blas.
Blas y Montoro.
En igualdad y decoro,
Son de Córdoba, lo más
Madrid a 15 de marzo de 1998 Elías Cid.
Montoro, ¡ noble villa cordobesa!.
Atalaya en campos de olivos.
Ariete, a un azul cielo, que besas.
Tengo en ti presos, mis sentidos
Aunque en lejanas llanuras trigueñas
Vive, este tu Blas Acosta Ruano,
Con tus recuerdos le ensueñas
Cual en amor, sultán de lo arcano
Sobre brioso corcel literario,
Recorres plazas cuestas y callejas
De un Montoro, tan milenario,
Como de árabe barro, sus tejas
Traicionan nubes, y al ojo asoman
Evocando, de tus sitios las noblezas.
Jazmines tus altas calles aroman,
Evocando tiempos de grandezas
Yo le he visto, en un ¡ay!, suspirar
Anudada de amores la garganta,
En dulce ansiedad de luz, evocar
La sentida, montoreña, Semana Santa
Y le sabia, entre las gentes presente.
Esquinando san Bartolomé y la plaza,
Preso de romanos, Padre Jesús, silente.
Traicionado y entregado por su raza
Suspiro de cera ardía,
Ante Verónica al paso.
Soledad y cofradía
En un cielo, azul y raso
Así es tu Blas, ¡oye!, Montoro lejano,
Que aún viviendo entre las castillas,
Estás en su corazón, tan cercano,
Como lo está el mar de sus orillas
Montoro y Blas.
Blas y Montoro.
En igualdad y decoro,
Son de Córdoba, lo más
Madrid a 15 de marzo de 1998 Elías Cid.