El bisabuelo -al que solo traté 3 años-, así como la gente que andaba por la sierra en su época, conocían numerosas leyendas, tradiciones seculares y misterios de la misma, hoy olvidados y arrasados por la modernidad y el desapego, que matan y entierran en el olvido los testimonios del pasado. Decían que hubo una sierra más frondosa y un hermoso valle con bosque de encinas, quejigos y álamos, surcado por arroyuelos que morían en el rio Salado. Todo ello rodeado de leyendas de lobos, bandoleros y un halo romántico. Y que la Tiñosa y el Morrión eran lugares encantados, casi místicos y algo inquietantes. Está claro que con los años y la depredación humana han variado esos entornos. Pero, como decía el tío abuelo "Siguen teniendo una atracción y encanto adictivo". Pero lo que está más claro aun, es que cada noche y a la mañana siguiente, enormes y nítidas, siguen allí, inmutables, la Tiñosa y las crestas cercanas, con su belleza y misterio. A veces, mirándolas en los días fuertemente soleados, ves como reverbera el calor y hace parecer al pico un cono con destellos de luz, que se desvanecen entre la neblina, con sus espacios y abismos de sombra, en los que al decir de los viejos pastores, habitan los espíritus de las brujas y los duendes.