LA GRANJUELA: EL BAR DEL AYER:...

EL BAR DE SIEMPRE

De todos los lugares del pasado
la memoria prefiere,
en ese amanecer o en esa noche,
el rincón donde viven
los antiguos, inútiles futuros,
y me levanto de la mesa
de los buenos amigos
para abrazarme a lo que ya no existe,
para darle la mano a los remordimientos,
hasta que mi conciencia
consigue recordarme
un invierno de nubes primitivas,
como si fuera el bar de siempre.
El humo de mis huellas
se apodera del tiempo, de mi tiempo
envuelve las arañas melancólicas
de los ojos cansados.
Aquí estoy ahora,
En el bar Madrid, villa La Granjuela.
en un bar donde un hombre amable
sirve la ilusión del silencio,
como queriendo decirles a todos:
Yo conozco los temas de tu interés.
Y activa la rémora de mis recuerdos,
pero algo he soñado para que ustedes sueñen.

EL BAR DEL AYER:

Entre maderas viejas y luz de neón cansado,
vive guardado el tiempo que ya no ha de volver.
Un vaso medio lleno, un eco abandonado,
porque nunca se olvida el bar del ayer.

Huelen las mesas pardas a risas y a promesas,
a humo de otros tiempos, a adiós sin despedir.
Se sientan los fantasmas a hablar de sus certezas,
y el reloj de la esquina se olvida de vivir.

El mozo limpia un vaso con calma ritual,
la música murmura un tango o un bolero.
Afuera corre el mundo, febril y desigual,
pero aquí dentro vive lo viejo y verdadero.

Que no se borre el trazo de tanta historia escrita,
ni el brillo de la copa que alguien vino a beber.
El alma guarda un sitio que el tiempo no quita:
se apagan las luces, pero queda el ayer.