Te encuentras exactamente ante un ejemplo perfecto de sus
casas cueva semi-trogloditas, donde la descomunal
roca basáltica y caliza del cañón del
río Guadalporcún no cuelga peligrosamente sobre las viviendas, sino que sirve literalmente como su
tejado natural. El "techo" de roca: Lo que ves arriba es un voladizo rocoso natural. Los habitantes del
pueblo no excavaron
cuevas profundas desde cero, sino que aprovecharon el gran tajo erosionado por el río para cerrar el hueco exterior con una
fachada blanca, ahorrándose construir
tejados. La integración urbana: Si te fijas en las
fachadas, los cables, las farolas y los aparatos de aire acondicionado están anclados directamente donde termina la cal y empieza la roca viva, mostrando cómo la vida moderna se adapta a una
arquitectura de hace siglos.