Cada pueblo tiene la ingenua convicción de ser la mejor ocurrencia de Dios. Uno se acostumbra al dolor igual que a la vejez, a la vida, a una enfermedad, a un sanatorio o a una cárcel.
La conciencia es un soplo del espíritu de Dios, que reside en nosotros. El dolor es para el alma un alimento fecundo.
Dios no nos impone jamás un deber sin darnos posibilidades y tiempo para cumplirlo. El dolor reclama soledad.
El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. La dicha no es más que un sueño, y el dolor la realidad.
Si Dios no es amor, no vale la pena que exista. Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría.
Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe. No te rías de las lágrimas de un niño. Todos los dolores son iguales.
Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios. El único sentido de esta vida consiste en ayudar a establecer el reino de Dios.