Cada
verano, mi
amigo Antonio Pajuelo “Porrajierro” -que sabe que el vino bueno me gusta con delirio- me somete a un ejercicio de sinceridad para que opine sobre cómo le ha salido el vino hogaño: “ ¿qué te parece, Moreno, cómo está este vinazo?”. Él mira cómo yo miro el
color, lo muevo, lo huelo y me lo echo a la boca, y sigue mirándome fijo a los ojos, hasta que emita mi sentencia anual al respecto, la de todos los años, siempre la misma: Este vino…., “Porrita (porque yo le llamo por el diminutivo
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