Es muy doloroso perder a un ser querido; pero aún lo es más, cuando ese ser tan querido, lo pierdes tan inesperadamente.
Día 7 de noviembre de 1954. Ya se han cumplido 57 años que mi querido padre perdió la vida. Recuerdo con gran tristeza esta fatídica fecha: serían cerca de las dos de la tarde cuando mi buena y queridísima madre, me dijo: Manuel, toma, corre y llévale al papa el
reloj que se lo ha olvidado. Era un reloj de pulsera con cadena elástica, tipo muelle plano, que empuñé en una mano.
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