Y llegaba el Domingo día muy esperado pues el anterior no había habido partido de fútbol, todos los niños mirando al (pecho la mina) a la altura de la (tolva), por allí tenía que asomar el correo con los futbolistas, en cuanto lo veíamos asomar, todos los críos gritábamos a coro ¡El correo el correo el correo! Las gradas en el lado derecho del campo se llenaban tanto de hombres como de mujeres, y ¿de niños que decir? pues gracias a Dios éramos muchos. Aparte de los nombrados por Leocadio, también ... (ver texto completo)