Don Leocadio, sabe usted lo desgraciado de este asunto de la pesca submarina. Que han tenido que pasar muchos años en que no solo los campeonatos, sino los pescadores furtivos que bajaban con botellas y con fusiles a profundas cuevas y algunas artes de pesca de barcos de cierto calado que alguna vez arribaban a nuestras costas, entre todos sin ningún tipo de pudor lo han esquilmado todo. Poco a poco todo quedó casi agotado. Y en pocos años todo el mundo se ha tenido que concienciar del asunto por ... (ver texto completo)