La ruta concluye en el
lavadero tradicional, “Los
Caños”, un
rincón humilde pero lleno de significado. Durante décadas, las mujeres del
pueblo acudían aquí a lavar la ropa y, al mismo tiempo, a compartir confidencias, canciones y momentos de convivencia. Es un lugar que conecta con la vida cotidiana de antaño y que hoy se conserva como parte del patrimonio cultural.