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Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz)

 Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA
1ª Kedada Motera del Moto-club cero veinticuatro
Cuando algo más tarde fueron encontrados por los caballeros del Temple, estaba todos ateridos por el intenso frío de la noche.
Ninguno trato de hacerles daño, porque el maestro masón es un antiguo amigo y además el Temple le necesitaba para preparar el traslado inmediato del Arca hasta una nueva cripta secreta y más segura que la campana de piedra actual.
Feliciano Pérez y los obreros masones, al escuchar los disparos, (aunque estaban bastante alejados de los tiros) al sentir el silbido de los proyectiles per-didos que rebotaban por las paredes del recinto, se ocultaron detrás de los troncos en la arboleda.
Cuando algo más tarde fueron encontrados por los caballeros del Temple, estaba todos ateridos por el intenso frío de la noche.
Nadie rezo una plegaria por ninguno de ellos; no se merecían ninguna gratitud y menos el honor de ser valientes adversarios. Ellos y el odio al Temple habían intentado aniquilarles y les había resultado negativa su traidora acción y ahora yacían muertos sin tener confesión ni amparo divino alguno.
Feliciano Pérez y los obreros masones, al escuchar los disparos, (aunque estaban bastante alejados de los tiros) al sentir el silbido de los proyectiles per-didos que rebotaban por las paredes del recinto, se ocultaron detrás de los troncos en la arboleda.
Los muertos de los enemigos, incluido el Cardenal y el Prior son sepultados de inmediato dentro de la fosa común que abrió y tapo sin honores una pala mecánica.
Nadie rezo una plegaria por ninguno de ellos; no se merecían ninguna gratitud y menos el honor de ser valientes adversarios. Ellos y el odio al Temple habían intentado aniquilarles y les había resultado negativa su traidora acción y ahora yacían muertos sin tener confesión ni amparo divino alguno.
Los trece cadáveres templarios son metidos por los sanitarios, en cajas en el carruaje funerario, para enterrarlos solemnemente dentro de la fortificación templaria de Lebeña, con los honores debidos a la ley de Cristo. Solemnes honores debidos a rangos y méritos adquiridos por la larga vida de servicios.
Los muertos de los enemigos, incluido el Cardenal y el Prior son sepultados de inmediato dentro de la fosa común que abrió y tapo sin honores una pala mecánica.
Los muertos fueron trece por la parte del Temple y entre los caballeros soldados heridos más o menos graves, que eran siete, estaba el Maestre Corona con un tiro limpio en la parte superior de la pierna y Victoriano que le estaban curando el antebrazo de una esquirla de granada de mano.
Los trece cadáveres templarios son metidos por los sanitarios, en cajas en el carruaje funerario, para enterrarlos solemnemente dentro de la fortificación templaria de Lebeña, con los honores debidos a la ley de Cristo. Solemnes honores debidos a rangos y méritos adquiridos por la larga vida de servicios.
Corona viendo la consecuencia final del sangriento enfrentamiento, y por no dejar huellas, se apresuro a ordenar a sus hombres, que hiciesen desaparecer todo el complejo de carpas y de almacenes que no fuesen necesarios para el descanso de sus hombres y para meter el material sobrante hasta la llegada de camiones que lo cargaran todo.
Los muertos fueron trece por la parte del Temple y entre los caballeros soldados heridos más o menos graves, que eran siete, estaba el Maestre Corona con un tiro limpio en la parte superior de la pierna y Victoriano que le estaban curando el antebrazo de una esquirla de granada de mano.
Otros monjes que no habían intervenido en la corta lucha, son liberados por el Temple bajo la promesa de no intervenir jamás en ningún otro conflicto.
La corta pero intensa batalla entre profesionales de la guerra había terminado.
Corona viendo la consecuencia final del sangriento enfrentamiento, y por no dejar huellas, se apresuro a ordenar a sus hombres, que hiciesen desaparecer todo el complejo de carpas y de almacenes que no fuesen necesarios para el descanso de sus hombres y para meter el material sobrante hasta la llegada de camiones que lo cargaran todo.
Matania, Auspicio el herrero y trece guardias más, que estaban heridos leves, lograron correr entre la espesa bruma de la noche y escaparon como rayos para refugiarse el Monasterio, esperando entre sus muros la piedad y misericordia del Temple.
Otros monjes que no habían intervenido en la corta lucha, son liberados por el Temple bajo la promesa de no intervenir jamás en ningún otro conflicto.
La corta pero intensa batalla entre profesionales de la guerra había terminado.
Marañon, como estaba pendiente del Cardenal y del Prior, con su patrulla de voluntarios Belgas, se decidió, después de ver los pros y los contras, por atacar todos juntos al cuartel general de los guar-dias del Cardenal y matar a dos pájaros de un tiro. Dicho y hecho, con Marañon en cabeza seguido de Guatire y del resto de la patrulla, atacó disparando ráfagas cortas a media altura que hicieron estragos en las huestes del cardenal. Una bomba de mano y la intensidad del fuego amigo, determinaron ... (ver texto completo)
Matania, Auspicio el herrero y trece guardias más, que estaban heridos leves, lograron correr entre la espesa bruma de la noche y escaparon como rayos para refugiarse el Monasterio, esperando entre sus muros la piedad y misericordia del Temple.
Becerril, viendo el peligro que corrían todos ellos, si él no intervenía muy decidido, cogió el flamante lanzagranadas ligero de calibre 90 y disparo contra los tres inquisidores, impactando el proyectil entre las piernas de sus enemigos, saltando en pedazos los tres con un alarido espantoso.
Marañon, como estaba pendiente del Cardenal y del Prior, con su patrulla de voluntarios Belgas, se decidió, después de ver los pros y los contras, por atacar todos juntos al cuartel general de los guar-dias del Cardenal y matar a dos pájaros de un tiro. Dicho y hecho, con Marañon en cabeza seguido de Guatire y del resto de la patrulla, atacó disparando ráfagas cortas a media altura que hicieron estragos en las huestes del cardenal. Una bomba de mano y la intensidad del fuego amigo, determinaron el fin de la escaramuza. El Cardenal Mariani, el Prior y siete guardias, yacían por doquier ensangrentados y despedazados en un enorme charco de sangre.
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Las balas trazadoras relampagueaban dibujando un largo haz de luz amarillenta en la lóbrega noche, al estrellarse contra todo lo que pillaban a su paso. El ataque había partido desde un ángulo del perímetro en donde la milicia de los italianos estaba asentada desde el día anterior. Tano y Canive repelieron con arrojo el ataque de los fanáticos del Cardenal, con armas automáticas de gran calibre que destrozaban todo lo que tocaban, al tener la punta de estas balas explosivas, una cruceta ... (ver texto completo)
Becerril, viendo el peligro que corrían todos ellos, si él no intervenía muy decidido, cogió el flamante lanzagranadas ligero de calibre 90 y disparo contra los tres inquisidores, impactando el proyectil entre las piernas de sus enemigos, saltando en pedazos los tres con un alarido espantoso.
Los dioses crearon estas doce profecías para que el hombre se perdone así mismo:
La primera.
Legar la vida, a la existencia misma.
La segunda.
Brotar la vida, con la savia diaria.
La tercera.
Amar al amor, con amor amado.
La cuarta.
Odiar el odio, con delirio eterno.
La quinta. ... (ver texto completo)
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Las balas trazadoras relampagueaban dibujando un largo haz de luz amarillenta en la lóbrega noche, al estrellarse contra todo lo que pillaban a su paso. El ataque había partido desde un ángulo del perímetro en donde la milicia de los italianos estaba asentada desde el día anterior. Tano y Canive repelieron con arrojo el ataque de los fanáticos del Cardenal, con armas automáticas de gran calibre que destrozaban todo lo que tocaban, al tener la punta de estas balas explosivas, una cruceta que hacía reventarlo todo.
Argos y Corona se habían parapetado por detrás de una escavadora, que les protegía de momento de la lluvia de balas que disparaban los tres inquisidores con una ametralladora ligera.
Los oscuros tiempos de la muerte, se aproximaban a galope tendido. Como trotarían los cuatro jinetes del Apocalipsis, cuanto sonaran las siete trompetas que anunciaban, que estaban a punto de alcanzar el poder extraordinario de la Octava Profecía.
Los dioses crearon estas doce profecías para que el hombre se perdone así mismo:
La primera.
Legar la vida, a la existencia misma.
La segunda.
Brotar la vida, con la savia diaria.
La tercera.
Amar al amor, con amor amado.
La cuarta.
Odiar el odio, con delirio eterno.
La quinta.
Abrir con llave, la puerta del desierto.
La sexta.
Meter tú oro, en tú póstuma mortaja
La séptima.
Oír trompetas, de Ángeles sin alas.
La octava.
Hablar de Dios, sin ser crucificado.
La novena.
Juzgar al hombre, con alma de animal.
La décima.
Ver Eternidad, en agujeros negros.
La undécima.
Crear demonios, con semen proxeneta.
La duodécima.
Pedirle a Cristo, razones de existir.
La luz decidirá la suerte de los hombres que matan al hombre, porque así es la historia en la Tierra.
El estaba vigilante de esta zona donde los soldados se escapaban de la carpa y comunico por la radio a todos los caballeros armados, que vigilaban todo el perímetro externo, que estuviesen preparados para repeler un posible ataque del enemigo.
Los oscuros tiempos de la muerte, se aproximaban a galope tendido. Como trotarían los cuatro jinetes del Apocalipsis, cuanto sonaran las siete trompetas que anunciaban, que estaban a punto de alcanzar el poder extraordinario de la Octava Profecía.