LA HABA: LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)...

LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977
(Capítulo 4)

LOS VISIGODOS

Habían pasado casi tres siglos cuando el reloj de la Historia marcó, en el siglo V, la hora de los pueblos germanos.
Eurico (466-484) se ganó la confianza de los romanos y pudo hacer, sin grandes dificultades, una profunda penetración en Hispania. Llegó hasta Gibraltar, pero no pudo pasar a África.
Los visigodos no fueron los únicos pueblos germanos que descendieron a la Península. Pronto vinieron los suevos guiados por Hermerico (409-441) que actuó de acuerdo con los romanos, cuyo Imperio se encontraba ya muy debilitado.
En el año 409, los vándalos, después de recorrer y saquear las Galias, forzaron el paso de los Pirineos y se extendieron por toda la Península. Vinieron también los alanos en su compañía. Los capitaneaba Hermerico y se establecieron en la Provincia Lusitana y en la Cartaginense, no sin haber antes combatido y saqueado.
No carece de lógica pensar que los romanos y sus protegidos encontraron la destrucción por oponerles resistencia. ¿Podremos, pues, atribuir la destrucción de estos poblados, incluida Mérida, a las oleadas salvajes de vándalos y alanos?
Mas tarde los vándalos y sus aliados fueron aniquilados por el visigodo Walia, el año 418. Los supervivientes, unidos a Genserico, se dirigieron a África.
Aquí empezó el colapso de La Haba, que no despertaría hasta los tiempos venideros de la Orden de Alcántara.
El poder de los visigodos continuó sin otros contratiempos que las luchas religiosas entre arrianos y católicos.
Tras la muerte de Vitiza, acaecida el año 710, llega la hora de aparecer en el escenario de la Península el pueblo árabe.

LOS ÁRABES

Al morir el rey Vitiza, visigodo, el reino se dividió entre los partidarios de Aquila, su hijo, y los de Rodrigo, duque de la Bética. Mientras Aquila era coronado en Toledo, Rodrigo lo era en Córdoba, y ocupó pronto Toledo apoyado por la nobleza. Aquila entonces pidió ayuda a los musulmanes, que desembarcaron en Gibraltar el día 28 de abril del año 711. Esta es la fecha.
Hay que aclarar que Aquila y los suyos eran arrianos. Rodrigo y los suyos, católicos. Todos eran cristianos. Tal vez por esto los musulmanes no se contentaron con vencer a Rodrigo, sino que también traicionaron la confianza que Aquila depositó en ellos. Tariq Benzema ibn Ziyād al-Layti ocupó Toledo el día 11 de noviembre del mismo año.
Siempre nos han enseñado que la invasión árabe fue una desgracia para el Cristianismo en España. Primero no fue invasión. Y en segundo lugar los cristianos divididos se mostraron malos cristianos. Por lo cual merecieron y necesitaron una limpieza. La misma distinción entre arrianos y católicos era una división del clero, o sea, de los dirigentes de la Iglesia.
Además los árabes trajeron una cultura, unos conocimientos esotéricos, que nunca hemos sabido apreciar. Sólo algunos benedictinos se percataron de ello, y mientras por un lado luchaban por reconquistar nuestro suelo, por otro asistían a las universidades árabes de Córdoba y Toledo, y estudiaban en sus conventos el Corán, Libro sagrado musulmán que relata las revelaciones de Mahona.
No en todas las partes fue fácil la ocupación. Las tierras del sur, las más ricas en población y en cultivos y de clima más parecido a África, fueron las más castigadas. La lucha contra el cristianismo y los deseos de botín eran los pretextos principales para saquear, destruir y matar. La rendición incondicional o la esclavitud perdonaban algunas vidas. Aquellas pobres gentes, independientes por temperamento, y hartos de sufrir el dominio de los poderosos, hubieron de rendirse una vez más víctimas de la más sañuda y despiadada destrucción.
Sin embargo podemos pensar que estos pueblecitos fueron respetados, o porque fueron abandonados por sus habitantes, o porque, como no era población de gente noble no eran partidarios de Rodrigo. Los musulmanes de la primera expedición no vinieron a invadir sino a ayudar a Aquila.
No podemos pensar lo mismo de la segunda expedición, el año 712. Vinieron a las órdenes de Abu Abd ar-Rahman Musa ibn Nusayr ibn Abd ar-Rahman Zayd al-Lajmi (Muza), y en menos de un año llegaron hasta Mérida. Las mujeres sirvieron para satisfacer las pasiones árabes, y los hombres, muertos o llevados a la lucha.
Aquello fue en estas tierras un fin. Sobre todo para los cristianos. Muchos se aprestaron incluso a practicar el Islamismo, o a engrosar los harenes, con tal de conservar la vida.
Desde entonces toda esta zona o Comarca fue presidida desde el Cerro o Fortaleza de Magacela. Las autoridades supremas residieron, primero en Damasco con el Emir, luego en Córdoba con el Califa, al fin en Badajoz donde residió el Taifa, siendo uno de los reyes independientes desde el año 1031.
Cuando los almorávides vinieron en 1086 con Násir ad-Din ibn Talakakinin (Yusuf ibn Tašhfin) para luchar contra Alfonso VI de León “el Bravo”, se quedaron y fundaron Umm-Gazala (Magacela). Pero en La Haba no hicieron nada, no quedaron huellas. Preferían lugares difícilmente accesibles, pues desconfiaban de los aborígenes cristianos. Así podrían defenderse mejor en caso de agresión. La Haba no era lugar a propósito en unos tiempos de tan frecuentes ataques y saqueos. Las llanuras, más aún las cañadas, no eran recomendables para vivir. Las únicas poblaciones recomendables eran las próximas a una Fortaleza o Castillo. Así Zalamea, Magacela, Benquerencia, Mojáfar (Castillo de la Encomienda de Villanueva de la Serena), pero no La Haba.
Villanueva y Don Benito entonces no existían más que en forma de pequeño grupo de casas de campo. Solo se convertirían en población cuando La Haba pudiera resucitar. Es decir, después de la Reconquista.