LA HABA: LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)...

LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977
(Capítulo 3)

VISITANTES

Con estos habitantes de la Península hicieron florecer su comercio los Fenicios, que, llevándose pingues ganancias de metales, trajeron a los indígenas sus costumbres y sus habilidades, incluida la navegación, a partir del siglo XII a. de C.
Cuando llegaron a estas tierras, si no los fenicios al menos si sus conocimientos de metalurgia, ya iba declinando la civilización de la piedra.
En el siglo VI a. de C. vinieron por el norte los Celtas, que no llegaron a nuestras tierras antes de mezclar su sangre con la de las tribus iberas. Esta simbiosis celtibera se extendió por toda la Península, incluso hay quien pretende ver por aquí ciertos detalles de cultura y construcciones de estilo celta.
Poco después llegarían los Griegos, portadores de una gran cultura, la más floreciente y profunda de todos los pueblos mediterráneos. No vinieron a la Península con poderío militar sino económico. Eran comerciantes y aventureros que se entendieron bien con los peninsulares en sus negociaciones comerciales, según cuenta Herodoto.
Sin dejarse esperar llegaron los Cartagineses, más deseosos de dominio, y que también fundaron sus colonias.
Todos estos visitantes y colonizadores realizaban sus actividades en regiones costeras, donde se formaban las ciudades industriales y comerciales. En el interior se vivía con más monotonía y naturalidad. Así sucede que en esta comarca de la Serena hay pocas señales de influencia de tales pueblos.
Fueron las batallas entre griegos y cartagineses las primeras que se libraron a gran escala en estas tierras que callada y humildemente quedaron incluidas en los territorios ocupados por Aníbal, tras las “guerras púnicas”, en el siglo III a. de C. Ante el invasor tenían que rendirse y pagar tributo, o ser víctimas del saqueo y destrucción. Esta suerte corrieron todas las tribus carpetanas, que poblaron las márgenes del Guadiana y del Tajo, y entre otras nuestros sufridos vetones. Pasaron pues del dominio griego al cartaginés, y del cartaginés al romano.

LOS ROMANOS

Al final del siglo III antes de nuestra Era llegaron a España los romanos. Ya no era el país de los Tartesos, que tan célebre fueron anteriormente, sino el país de Hispalis, la actual Sevilla, hasta donde llegaban navegando.
Los romanos llegaron deseosos de las buenas fuentes de riqueza que los cartagineses tenían en la Península. Así tras la región bética decidieron conquistar la península entera.
No tardaron mucho pero encontraron importantes frenos. Por entonces los tartesios y los iberos habían logrado una excepcional organización militar y política. Tal vez obligados a defenderse contra el bandidaje de los visitantes. Los pueblos antes independientes se unieron para hacer frente al poderoso ejército romano.
Aquí se ve claro el espíritu de resistencia a toda imposición violenta que estas gentes han practicado siempre. Tal vez por eso se ha conservado por milenios su temperamento indómito típicamente ibero.
Así, pues, también los vetones se aliaron con los Lusitanos en la lucha contra el orgulloso imperio invasor. Primero Púnico (155-154 a. de C.), luego Kaisaros o Césaro (153 a. de C.) y después Viriato, sostuvieron una tenaz resistencia. Viriato era lusitano y no aceptó la decisión de su gente de capitular con los romanos.
Así quedaron incluidos en la guerra todos los poblados de esta zona.
Como el Cerro de la actual Magacela, antes Contosolia, ofreció a Viriato una excepcional atalaya, estas tierras se convirtieron en escenario de luchas, las primeras guerrillas que se vieron en la Península y tal vez en Europa. Este sistema de lucha sería imitado mucho después, en el siglo XX.
Pero “La aba”, situada a legua y media de Contosolia, no tuvo que esperar la muerte de Viriato por traición para quedar definitivamente anexionada a una nueva provincia romana, la Lusitania. Ganó la partida de Cepión el año 139 a. de C. sobornando a los emisarios de Viriato, quienes a su regreso le asesinaron en la tienda mientras dormía para cobrar el precio a que había sido puesta su cabeza. Pero como “Roma no paga a traidores” los asesinos fueron a su vez asesinados. Los lusitanos hicieron espléndidos funerales a su jefe, cuyo cuerpo fue quemado en una altísima pira y sus cenizas encerradas en una suntuosa tumba. Táutalo, sucesor de Viriato, se rindió a Quinto Servilio Cepión.
Aunque no sería este el último movimiento bélico que mancharía de sangre estas alegres tierras, La Haba gozaría con sus vecinos de todas las vegas del Guadiana, de una larga era de relativa paz. Las guerras civiles del Imperio repercutieron en la Península, pero no mucho en estas tierras lusitanas.
Todo esto sucedió en el siglo II del Cristianismo:
Tal vez después, cuando Emerita Augusta (Mérida) a orillas del Guadiana se convirtió (año 25 a. de C.) en la merecida capital de la provincia Lusitana, los romanos procuraron mejorar el ambiente social de Hispania (España). Aderezaron los caminos existentes. Hicieron otros nuevos y hasta algunas calzadas. Construyeron puentes donde los ríos eran vadeados. Una de estas calzadas, carreteras de entonces, unía Emerita Augusta (Mérida) con Caesar Augusta (Zaragoza) pasando por Contosolia y rozando el norte de La Haba. Tras pasar por el puente de Metel-lum (Medellín) entraba en la Serena por Porticus de la Serena (Villanueva de la Serena). Luego esta calzada pasando por varias ciudades fortificadas y castillos se dirigía a Toletum (Toledo), para continuar hacia Zaragoza. Era la calzada número XXVIII del Itinerario de Antonino.
No dudo de que en tales tiempos estaban habitados los poblados de las “canteras” junto al Ortiga. Por eso los romanos hicieron el puente que pisamos para llegar a la Ermita de Nuestra Señora de la Antigua, y que aunque no tan hermoso como el de Medellín, conserva un escudo en la cumbre del pretil. Antes sirvió de acceso a los abandonados poblados sitos kilómetro y medio más allá. También hay otro puente cerca de La Guarda, y que es típicamente romano.
Los romanos impusieron su lengua, su arte, su religión, su política, etc. No hay duda de que aunque esto tuviera grandes ventajas para los indígenas, sirve de interferencia para comunicarnos con el pasado de nuestro país y entenderlo.