LA HABA (Badajoz)

mis inolvidables amigas
Inauguracion de la piscina
desde la isla de nisiros
muy buenas noches, bien, puesto que españa está acabada, esperemos la parusía, amén
¡Qué bonito está el campo!
Me llamo Rafael Valdés Lozano Gálea Zapatero Campos de Orellana, nieto paterno de Doña Petra Gálea Campos de Orellana, de la Haba, y que casó en la misma con Don Eduardo Valdés Zapatero y que residieron en Villanueva de la Serena. ¿Tengo por esa bendita Extremadura algún pariente, aunque sea lejano. Mi padre Don Rafael Valdés Galea Zapatero Campos de Orellana fué hijo de ambos, entre otros.
Soy Barbara Garcia Galea, bisnieta de Rafael Galea Campos de Orellana, bisnieto del consul maltes que residio en valencia, Me gustaria contactar con usted
cuantas familias en la haba tienen el apellido chamizo
Según el INE (Instituto Nacional de Estadísticas) en España hay 46 Candelos con una media de edad de 59'5 años. Es sólo un dato, pero desde luego existen otros Candelos fuera de La Haba y de sus descendientes.

Un abrazo para todos.
Hoy muchos jóvenes no saben quién es, y sobre todo, quién fue Luis Roldán, mucho menos el escurridizo ex agente secreto Francisco Paesa. De hecho, mi hijo mayor lo sabe porque yo mismo le expliqué la historia para que no pensara que la corrupción de las instituciones es algo novedoso, que por el contrario es algo tan reiterativo como las nevadas en los Pirineos. El pasado fin de semana se estrenó "El hombre de las mil caras", Premio de la Crítica en el reciente Festival de San Sebastián y Concha de Plata al Mejor Actor para Eduard Fernández. Aunque centrada más en la peripecias de Paesa, la película de Alberto Rodríguez nos acerca a aquellos tiempos convulsos cuando el cielo era de unos pocos... y la tierra, también. Me gusta el cine español cuando es bueno, y esta película espléndida merece ser recomendada. Ustedes mismos.

"EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS"

En "El hombre de las mil caras", Alberto Rodríguez sitúa la acción en los años 90 para narrarnos la historia de Francisco Paesa (Eduard Fernández) ex agente secreto del gobierno español y responsable del éxito de la operación Sokoa que está considerada la más importante en la lucha contra ETA, pero que se vio envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL y tuvo que huir del país. Cuando regresa al cabo de unos años está arruinado y su vida sentimental atraviesa su peor momento. En estas circunstancias recibe la visita del ex Director General de la Guardia Civil, Luis Roldán (Carlos Santos) y de su mujer, Nieves (Marta Etura). Ambos le ofrecen un millón de dólares si les ayuda a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos de los fondos reservados que se utilizaban, entre otras cosas, para asesinar. Paesa ve así la forma de mejorar su situación económica y, de paso, vengarse del gobierno español. Así, pone en marcha un magistral plan de espionaje con la colaboración de su inseparable amigo Jesús (José Coronado). El ex agente tendrá un papel determinante en la fuga y posterior entrega de Roldán.

Más allá de cumplir su objetivo de entretener al personal manejando con pulcritud el sentido del ritmo y los códigos clásicos del thriller y el cine de espías (personajes oscuros e interesantes, ambientación y luz atmosférica, continuos cambios de escenarios, diálogos inteligentes), El hombre de las mil caras es la historia de un desencanto y el relato de una forma delictiva de entender la política. Algo que con hiriente sorna el director (mejor dicho, uno de los personajes de la función) parece achacar a la genética de los españoles, a nuestra tradición picaresca que nos hace ser unos genios de la mentira y la estafa. De lo que hablamos también es de las enormes tragaderas de una sociedad enferma capaz de asumir la corrupción institucional como un perdonable acto de debilidad ante la tentación, y no como una repugnante práctica mafiosa.

El firmante de "After" demuestra una vez más ser un gran director de actores, lo comprobamos en el retrato realista e hipnótico de un personaje cercado por sus defectos, debilidades, ineptitud y falta de escrúpulos (el caso de Roldán) o por la ambición y el riesgo aventurero como es el caso de ese hombre de humo llamado Francisco Paesa. Y si magnífica es la recreación que Carlos Santos hace de un Luis Roldán superado por los acontecimientos, temeroso, perseguido, arrepentido y en vías de expiar sus pecados a un precio asumible, soberbia es también la caracterización de Paesa que logra Eduard Fernández, al que da oxígeno con gran magnetismo en sus labores de agente secreto y conseguidor, pero también en las más escenas más domésticas con su distante esposa. Unos personajes que nos acercan a la caricatura de lo que ha sido, es, y siempre será España.

Francisco Paesa es un mentiroso, cierto, tanto que hizo de la mentira su mejor refugio y sacando beneficio del engaño tuvo mil caras: diplomático, espía, traficante, playboy, estafador, empresario… pero tal vez, consciente de que su vida no debería servir como ejemplo para nadie, siente cierta compasión cuando el que fuera director de la Guardia Civil se derrumba sintiendo incluso la tentación de suicidarse al ver las fotos en Interviú de su orgía y destaparse su falso currículum. Pero Roldán es un cobarde, y la piedad que siente Paesa no le nubla hasta el punto de tener que desbaratar su plan de quedarse con los 1.500 millones de pesetas de los fondos reservados y hacer pasar por una detención lo que realmente fue una entrega protagonizada por personajes falsos (el capitán Khan era un camarero vietnamita cojo).

"El hombre de las mil caras" nos enseña que España jamás ha visto transformada su faz por la instauración de la democracia, que seguimos siendo los mismos de siempre. Que ningún estado de derecho puede limpiar la sangre, el moho, la pringue y el óxido acumulados desde siglos, que nuestra historia se oculta tras una cortina transparente de resignación, avaricia, mentiras, fango y vómitos, una España que fabrica héroes de cartón piedra sirviendo siempre a intereses espurios. Y que sólo por eso, somos diferentes.
HABLEMOS DE LA LA JABA, JOÉ.

Que yo sepa -y me he fijado en ello- sólo en La Haba existe el nombre de Candelo; y, si conocéis por esos mundos de dios alguno más, cómo me gustaría que me contradijerais, pero este nombre de pila podemos decir que es exclusivamente jabeño en el mundo mundial. Y además, en el propio pueblo han sido muy pocos los así llamados, tan pocos que me atrevo a nominarlos: animo a que se añadan los que se me hayan podido quedar en el olvido. ES UNA DESAS CURIOSIDADES JABEÑAS Q ... (ver texto completo)
Pues a lo mejor hay alguna y alguno, en Torrejón de las Candelaria.. no, perdón... de Ardoz
HOLA JABEÑOS que tal la vela deseo que todos lo pasarais muy bien, estas fechas traen muchos recuerdos de tiempos pasados de alegria y de sueños.
EL dia seis pase por la carretera no pude entrar me quede con ganas me abria gustado encontrarme con todas las amistades y recordar los tiempos pasados, supongo que abra muchas personas de vacaciones eso es estupendo.
Pedro me gusta lo que as escrito sobre la despedida de las personas que dejaron sus casas y su pueblo por buscar una vida mejor se l ... (ver texto completo)
Gracias JLMA, yo también deseo que hayas disfrutado de unas buenas vacaciones. Me alegro de que te guste el relato pero es una lástima que por las circunstancias que sean no hayas podido compartir unos momentos con nosotros. En cualquier caso, siempre habrá tiempo para ello. Sí, demasiada gente ha vivido la experiencia de la emigración, consecuencia de vivir en una de las regiones más míseras de Europa Occidental, y creo que acabaré mis días sin que nadie nos salve de esa vergonzosa referencia que hace que viajemos en el vagón de cola de la Europa más desarrollada. Así ha sido siempre y así será.

Un abrazo.
“LA DESPEDIDA”

Las calles y casas de La Haba han sido y son testigos de mil historias de amores y desengaños, de triunfos y derrotas, de sueños rotos y soledades. Como cualquier comunidad de vecinos, mi pueblo es un crisol que acoge en su vientre una realidad caleidoscópica que no es sino un reflejo a escala de lo que ocurre en todas partes, de una coyuntura global que, con sus peculiaridades, acaba teniendo trascendencia en cada rincón de la geografía nacional. He de confesar que la infancia ... (ver texto completo)
HOLA JABEÑOS que tal la vela deseo que todos lo pasarais muy bien, estas fechas traen muchos recuerdos de tiempos pasados de alegria y de sueños.
EL dia seis pase por la carretera no pude entrar me quede con ganas me abria gustado encontrarme con todas las amistades y recordar los tiempos pasados, supongo que abra muchas personas de vacaciones eso es estupendo.
Pedro me gusta lo que as escrito sobre la despedida de las personas que dejaron sus casas y su pueblo por buscar una vida mejor se lo que es por esperiencia
Leganes Andrea M Nieves y todas las personas del foro un saludo y asta pronto JLMA
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Pues sí, los unos pasaron por bastantes lugares y hasta puede que alguno se convirtiera al catolicismo; lo que todavía no hemos averiguado del todo, es qué pensaron las hotras; pero igual la asociación de mujeres locales, tiene algo que decir al respecto; por lo demás, ahora mismo estoy viendo SIN CITY y recomiendo encarecidamente a quien quiera leerlo LTI de Victor Klemperer. Nos vemos, y un saludo a toda la sinceridad territorial.
“LA DESPEDIDA”

Las calles y casas de La Haba han sido y son testigos de mil historias de amores y desengaños, de triunfos y derrotas, de sueños rotos y soledades. Como cualquier comunidad de vecinos, mi pueblo es un crisol que acoge en su vientre una realidad caleidoscópica que no es sino un reflejo a escala de lo que ocurre en todas partes, de una coyuntura global que, con sus peculiaridades, acaba teniendo trascendencia en cada rincón de la geografía nacional. He de confesar que la infancia siempre ha sido para mí un lugar desapacible, un paisaje melancólico de ausencias y renuncias pintado con mustios colores. Para convencerme, no necesitaba visitar aquella casa en ruinas con olor a moho y destierro, ni pisar la mala hierba que crece en el corral de la nostalgia, en donde hace tiempo murió de tristeza el manzano y el pozo secó su última lágrima. No hacía falta porque, acostumbrado a viajar en el silencio, sigo viviendo a la intemperie de estas cuatro paredes sin ganas de hablar ni de ser escuchado, sin el propósito de embarcar en ninguna aventura a mis huesos.

En La Haba, más de cuatro décadas después, he vuelto a pisar las estancias herrumbrosas y vacías, la quietud mortal del hogar desahuciado. Y he vuelto a evocar con claridad diáfana el momento del adiós, cuando me dejaste como prenda tu pañuelo perfumado, que aún conservo. Sí, como el cuervo en los campos de la muerte, regresa a mí aquella despedida que el paso del tiempo no ha podido ensombrecer. Al entrar en la que en un tiempo lejano fuera tu habitación y observar las paredes sucias, desconchadas y el techo desmantelado, me acompaña un revoloteo de mariposas; veo tu pelo con amapolas, tu eterna y dulce sonrisa, veo las puertas de esta casa abiertas de par en par.

Años 70. La emigración sigue su despiadada dinámica en las zonas rurales. Un dramático éxodo, una forma de destierro y exilio tan triste y cruel como cualquier otra. El padre de mi amiga, que huía con su familia de una miseria asfixiante por la escasez de trabajo y los bajos salarios, había encontrado tajo en la industria metalúrgica en el norte del país, donde ya trabajaba su hermano.
-Hola, pasa–me dijiste al verme parado en el umbral de tu casa-, como ves ya está todo recogido.
Éramos unos niños, pero fueron aquellos días los que me enseñaron que el amor duele a cualquier edad, que reducido a su núcleo, puede ser la más amarga condena, que la ausencia en la distancia no es sino otra muerte lenta. Lo he pensado muchas veces, si supiera de ti, dónde encontrarte, te contaría que nunca he vuelto a visitar aquel olivar junto a la alberca al que íbamos en bici y que poco antes de tu marcha vendieron tus padres, que, hasta hoy, jamás recorrí el camino que lleva hasta tu casa, que las palomas han acabado devorando el templo desnudo que te acogía como virgen, que tu corazón sigue latiendo a mi lado en las gradas traseras de la iglesia, que tu nombre está presente en cada poema, y que los viejos cancioneros ardieron una noche de San Juan como ardieron los tequieros en las alegres noches de feria.
- ¿Quieres una Mirinda? Las ha comprado mi tío, están fresquitas –me preguntaste con un hilo de voz entrecortada-.
-No, gracias, sólo agua. ¿A qué hora tenéis pensado partir?
-Mi padre viaja en el camión con mi tío y, según he oído, saldrán a las 6´00, mi madre y yo cogeremos el tren en la estación de Villanueva un par de horas más tarde, a las 8´00 –llenaste un vaso de agua de una tinaja y me lo ofreciste-. Toma y espera, que me arreglo un poco el pelo y damos un paseo.
Me levanté y me quedé mirando mientras en el humilde y pulcro aseo, delante del espejo, recogías en una cola tu largo cabello color castaño que en aquel momento llevabas sujeto con un par de pinzas. Todavía me invade una sensación agridulce, mezcla de dicha y pesar, al evocar tu hermoso cuello que tantas veces besé.
-Mama, mamaaaa, salgo a dar una vuelta –vociferaste-.
-Está bien, pero no vuelvas tarde, hoy cenaremos pronto –contestó tu madre enredada en recoger las ropas ya secas del tendedero-.
- ¿Me das la mano? –preguntaste incómoda, como si las lágrimas que comenzaban a rodar por mi rostro fueran la lava de un volcán en erupción, cuando sólo eran gotas de rocío deslizándose suavemente por el pétalo de una rosa. Entrecruzamos las manos para dar nuestro último paseo en la tarde más luminosa y triste de un día de finales de primavera. Dirigimos nuestros pasos hacía nuestra senda favorita que muere en la falda de la sierra de Magacela.
-No nos volveremos a ver –sentencia que solté con el mismo garbo que el bufido final de un toro ante la última estocada-. No nos volveremos a ver porque nadie vuelve aquí si no tiene familia.
-Te tengo a ti, estás tú.
-Yo soy sólo un niño, nadie vuelve a ningún sitio para saber de un niño porque los niños no les importamos nada a nadie. Un niño no tiene criterio ni capacidad de decisión, sólo sueños. De hecho, cuando estoy en tu casa o en cualquier parte, sólo soy visible para ti.
-Pero… qué cosas dices –Ahora sí comenzabas a enojarte-. Mira, nadie sabe qué le depara el futuro y menos nosotros que, como bien dices, sólo somos niños, una etapa complicada que pronto dará paso a otra más difícil, lo que sí te puedo asegurar es que siempre ocuparás un lugar grande en mi corazón. De modo que deja ya de martirizarte porque la situación no es para mí menos angustiosa.
Se apoderó de ti una congoja que hizo aflorar esos pucheros que tanto me gustaban y te abracé. La tarde llegaba a su fin y, al acompañarte a casa, mi estampa era la de un pequeño Quijote desastrado que comenzaba a vagar por todas las vidas que nos arrebataron. Nos paramos un momento en la caseta de las golosinas y de los bolsillos de mis pantaloncitos cortos saqué unas monedas con las que te compré para el viaje tu revista favorita, “Lily”, y una fotonovela.
-Mira –te dije, en la puerta de tu casa-, todo seguirá existiendo y viviremos el uno en el otro. Las murallas las construyen los hombres y lo único imperdonable es el olvido. Irás a un colegio nuevo, tendrás otros amigos, edificarás tu vida según tu voluntad o las circunstancias… pero tal vez los días más felices los hemos vivido ya, deja al menos un espacio donde sea posible rememorar nuestra íntima amistad, nuestras confidencias-. Llorando nos abrazamos e inundé tu mejillas de besos-. Despídeme de tus padres y recuerda que siempre pierde más quien más quiere- grité mientras me alejaba-.

La mañana siguiente, me las arreglé para llegar hasta la estación. Te vi partir a distancia procurando que no detectaras mi presencia aunque es posible que sintieras mi afligida mirada. Fue ese mismo día, de vuelta a casa, cuando mi madre me habló de que también nosotros abandonaríamos el pueblo en verano, que estaban ya con los preparativos y no quedaba otra alternativa que volar lejos en busca de oportunidades, atraídos por las centelleantes luces de una ciudad populosa e industrial; la brecha existente entre el sur agrícola y rural y el norte del progreso y el bienestar, era cada vez más honda. Pronto nos daríamos cuenta de que no es oro todo lo que reluce. Pero al llegar, no había nadie allí para escribir la nueva crónica de un fracaso.

Nunca tuve noticias de ti. Era como si, al no poder evitar lo irremediable, hubiésemos querido guardar en un bote de mermelada el recuerdo de un amor puro, con su naturaleza sin contaminar y sus esencias. Ahora, que paseo por las baldosas ahuecadas de la vieja casa, te veo sentada a mi lado bajo la imponente morera de la plaza, pisando todos los charcos, besándome con los ojos cerrados. Todo sigue existiendo en la triste extensión de los recuerdos, en los ecos de un abismo insondable.
Después de varios meses sin aparecer por aquí, me doy cuenta de que el foro ha degenerado hasta límites vomitivos. En fin, circunstancialmente regreso para postear un pequeño relato que dedico a los emigrantes que se marchan ya para sus lugares de residencia tras pasar con nosotros unos días de vacaciones coincidiendo con las fiestas. Muchos de ellos me han regañado porque hace tiempo que no dejo ningún mensaje en este sitio, pero es que a mi habitual y ya legendaria pereza se une la desidia que se ha apoderado de este rincón, y la verdad, participo en otros dominios donde la actividad resulta más dinámica aunque sigo tratando de huir lo más lejos posible del inane frenesí de las redes sociales, y es que en un mundo tan vigilado, la mayor libertad consisten en dejarse ver lo menos posible.

Publicado en la revista local del ayuntamiento "Paso a paso", este relato, titulado "La Despedida", tiene como tema central la emigración, y aunque yo regresé hace ya mucho tiempo para vivir en la casa que me vio nacer, para enamorarme de nuevo y formar una familia, para volver a oler los aromas de la tierra, otros no lo han hecho y, seguramente, no lo harán jamás por diversas circunstancias de la vida, o porque simplemente no les apetece, que también es otra buena causa. Algunos de ellos sentirán como propio el latido del relato, a otros les resultará estéril, al final dará igual porque, no nos engañemos, como dijo García Márquez, todo aquel que se entretiene juntando letras escribe para explicarse a sí mismo lo que se quiere explicar.

Saludos cordiales.
Hola soy manolo el carne el marido le estamos en Mallorca