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Mensajes de LA HABA (Badajoz)

 Mensajes de LA HABA
Acceso a la Plaza
LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977
(Capítulo 6)

LOS MEJORES TIEMPOS

Como dijimos más arriba esta zona perteneció durante tres años al Reino de León siendo Alfonso IX su monarca. Así, todo el territorio del desde entonces Priorato de Magacela, fue gobernado por la Orden de Alcántara. En la Fortaleza o Castillo se guareció un Comendador o alcaide que, bajo la supervisión del Maestre, ejerció los poderes eclesiástico, ... (ver texto completo)
Muy interesante. Pedro
LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977
(Capítulo 6)

LOS MEJORES TIEMPOS

Como dijimos más arriba esta zona perteneció durante tres años al Reino de León siendo Alfonso IX su monarca. Así, todo el territorio del desde entonces Priorato de Magacela, fue gobernado por la Orden de Alcántara. En la Fortaleza o Castillo se guareció un Comendador o alcaide que, bajo la supervisión del Maestre, ejerció los poderes eclesiástico, militar y judicial. Entretanto el Maestrazgo tenía su residencia en Alcántara (Cáceres).
A lo largo de los siglos XIII, XIV y XV el Priorato de Magacela fue creciendo en prestigio, mientras los demás de la Orden decaían e incluso iban desapareciendo. Cuando subieron al poder los Reyes Católicos, y con su boda se unieron Aragón y castilla, el Maestre de los Caballeros residía en Magacela.
Fue en estos siglos cuando fue apareciendo una aldea en el sitio de “la aba”, poblada por los agricultores de las tierras del Priorato. Allí encontraron cerca del lugar de su trabajo, un lugar apropiado para construir sus viviendas. Sirvieron de materiales las abundantes piedras de granito blando próximas al Arroyo, muchas de ellas bien cortadas para su menester.
Así surgieron los principios de algunas calles que después llamarían Arroyo, Juan Arias, Dos Pozos, Peña, Cantolugar, Cantarranas, Conde Campos, Peligros, etc.
También en estos tres siglos surgió una nueva aldea, con unas buenas huertas a lo largo de una hermosa cañada, que se llamaría “Aldea Nueva”. Aquel caserío, colocado al borde del camino romano de Mérida a Zaragoza, primero se llamó Porticulus, por ser la entrada en la Comarca de la Serena. Luego sucesivamente tomaría los nombres de Aldea Nueva, Aldea de los Freires, Villanueva de Magacela, para ser Villanueva de la Serena desde 1423.
Entre Magacela y Villanueva, La Haba tenía muchas y razonables esperanzas de prosperar. Religiosamente esta Aldea era atendida por un Párroco, Caballero de la Orden, nombrado por el Prior. Políticamente era gobernada por un Alcalde pedáneo dependiente del Prior, igualmente nombrado por el. Y el Prior ejercía personalmente el poder legislador y judicial.
Por aquellas fechas se proveyó a La Haba de un hermoso templo parroquial dedicado a San Juan Bautista, aunque sin la torre y sin la cúpula actual que fueron añadidas después.
Los siglos XIII, XIV y XV fueron pues los tiempos de la resurrección de la vieja “aba”, la primitiva aldea de los vetones lusitanos.
Así fue madurando el vecindario en el desarrollo de su vida cívica, hasta el punto de que un día, poco después de los Reyes Católicos, La Haba se haría independiente del Priorato, consiguiendo la exención, como más adelante veremos.
LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977
(Capítulo 5)

LA RECONQUISTA

Un nuevo cambio iba a realizarse en la Historia.
En 1156 nació en Salamanca una Orden Religiosa y Militar que se puso a disposición del rey Alfonso IX de León para luchar contra el moro. La aprobó el rey, y la confirmó el Papa Alejandro III (Rolando Bandinelli) en 1177. Primero se llamó de Pereiro, pues allí lucharon contra los moros sus iniciadores. Luego tomó el nombre definitivo de Alcántara porque allí se estableció su sede oficial y fue el primer feudo que el rey concedió a la Orden. Su distintivo era una cruz formada por cuatro lirios de color verde dentro de un círculo. Su regla era la del Cister. Tenía mucho que ver en secreto con los templarios. Su máxima autoridad era el Maestre. Su hábito, armadura metálica de caballero con túnica corta y capa larga, sin faltar la espada colgada del cinto. Sus fundadores fueron Don Suero Fernández Barrientos y su hermano Don Gómez, siendo rey Don Fernando II de León. Sus nombres: “Caballeros de Alcántara”, antes “San Julián de Pereiro”. Su primer Maestre fue Don Gómez Fernández Barrientos. Religiosamente exenta y con jurisdicción propia por concesión del Papa Lucio III (Ubaldo Allucinoli) en Bula del 4 de abril de 1183. Hasta 1546 fueron obligatoriamente célibes, consagrados a la guerra contra el moro. La Orden murió con el último Prior caballero en Villanueva de la serena el año 1911.
El Reino de León tenía al sur el duro freno, el impenetrable muro, del reino árabe de Badajoz, la antigua Pax Augusta de los romanos. Era la actual Extremadura (= extremos duros del Reino de León). Durante varias generaciones anduvieron las fronteras y campos de batalla por estas comarcas. En ellas se libraron frecuentes y fieros combates entre moros y cristianos, por estar firmes y defendidas con castillos inexpugnables.
En tales difíciles circunstancias La Haba no podía ser habitada.
Por tanto este término no se vio libre de la guerra hasta que Magacela no fue definitivamente conquistada. No lo consiguió Alfonso VIII en el verano de 1189, aunque lo pretendió. O tal vez lo consiguió y la volvió a perder.
Al fin, tres años antes de unirse León y Castilla en la corona de San Fernando III, o sea, en 1227, el quinto Maestre de los Caballeros de Alcántara, Frey Don Arias Pérez, ganó para su Rey las plazas de Trujillos, Magacela, Zalamea, Mojáfar, Medellín y Benquerencia. El rey Alfonso IX de León se lo dio para que lo gobernara. Lo cual hizo Frey Don Arias y sus sucesores con mucho acierto a partir de esta fecha y después en los tiempos de San Fernando III y los demás reyes de Castilla y León unidos.

EL PRINCIPIO DE LA PAZ

La Comarca de la Serena quedó en manos de la Orden de los Caballeros de Alcántara tras la cristianización de Magacela. Era la mejor época. La de apogeo de la civilización cristiana! Lástima que tuvieran que hacerlo todo a base de guerras y matanzas ¡Los grandes secretos culturales célticos, arábigos y de oriente eran estudiados y digeridos por las órdenes religiosas, principalmente benedictinos y sus afines los caballeros (“kabal-leros” = poseedores de los grandes secretos que siempre usaron, al menos en los siglos XI y XII para el bien de sus hermanos los otros hombres). Así resultaban los más preparados para la dirección social. Y los reyes lo sabían, por eso depositaban en ellos su confianza. Así pues, los reyes se reservaban los asuntos del interior, de la guerra y de las relaciones internacionales. La sanidad, la cultura, la economía, la industria, la agricultura, y a veces hasta la hacienda, y más aun el trabajo, la educación, obras públicas y hasta la justicia, quedaban en las manos de la Iglesia. Por eso la Orden de Alcántara tuvo desde el principio plenos poderes en esta zona extremeña.
Una de las cosas que contribuyeron a la reconstrucción y población de La Haba fue la promoción que recibió entonces la agricultura. El lugar de “la aba” era idóneo para vivir los colonos de las tierras circundantes, ya que ellas eran ricas y prometedoras. La agricultura era la industria de entonces, y los caballeros de Alcántara procuraron evitar el hambre. Para encontrar trabajo solo era necesario gozar de la amistad de los caballeros y pedírselo.
Así empezaron las cosas.
Don Ruiz Vázquez era un hombre bueno, tan probado que había sido Maestre de la Orden. En 1318 se hizo cargo, recibiéndola de su tío Don Suero Pérez, Maestre electo al salir él, la plaza de Magacela como encomienda para toda su vida.
Transformó y organizó la vida religiosa de la villa. Convirtió en templo cristiano la Mezquita del castillo. Y pienso que construyó, o al menos comenzó a construir, la Ermita de la Virgen junto al Ortiga dedicada a Santa María, para que fuera el lugar de peregrinación e iniciación cristiana de los feligreses de todos estos campos, no sólo de los vecinos de Magacela. Esta Ermita más tarde no estaría sola en la comarca, y además quedaría incluida en el término municipal exento de La Haba.
Después se construirían iglesias parroquiales y se nombrarían párrocos en Villanueva de la Serena, surgida de la nada, y la resucitada La Haba, en el siglo XIV.
Las casas comenzaron a elevarse y las tierras a dar sus trigos.
Las piedras de estos canchales volvieron a vivir y a dar vida.
Villanueva y La Haba crecieron a la sombra de Magacela, mientras Don Benito creció cobijado por Medellín.
Ha nacido una nueva planta en un viejo tiesto. Cuando el último Maestre, Don Juan de Zúñiga, ayudado por los Reyes Católicos, ponga su sede en Villanueva, La Haba será la planta crecida que empieza a florecer.
Reconstruir era fácil, pues los cimientos eran naturales y fuertes, y el resto de los materiales estaba allí mismo, en su cantera.
La vieja semilla caída en tierra despertaba para brotar de nuevo.
SÓLO EL ODIO COMO MOTOR

Espero que los amigos foreros, sobre todo los amantes de la historia, estén disfrutando de este recorrido por nuestros orígenes. Pues si olvidar de donde uno viene puede ser la peor de las traiciones, desconocer nuestra propia historia puede ser el peor de los olvidos. Me gustaría aclarar un punto sobre el que algunas personas me han preguntado referente al cambio de las calles que parece ser un tema que ahora está dando mucho juego, aunque ese debate me produce mucha pereza y me gustaría que lo dieran aquí pues sería más productivo que comentármelo a mi en privado. Como siempre he pensado que un hombre -una persona- puede ser, y seguramente debe ser sensible, sentimental, tierno, afectivo, emotivo, receptivo, empático, solidario... y cualquier calificativo que pueda dotar de humanidad su personalidad menos -si esto se pudiera reprimir- cobarde. Como Montaigne pienso que la cobardía es la madre de la crueldad. De modo que uno debe decir siempre lo que realmente piensa y defender sus opiniones, si está convencido de ellas, sin miedo y contra viento y marea. Comentaba un poco más arriba que no me molesta que una calle tenga el nombre de Santiago Carrillo y otra el de Pedro Muñoz Seca, a pesar de que el primero fue el verdugo del segundo. Comencé a tener claro esto cuando allá por la época de la Transición (tendría yo unos 15 años) se estaba en la tarea de cambiar cientos de miles de placas del callejero y fui testigo impenitente de ello viviendo en una gran urbe. Un día, llegó el momento de cambiar el nombre de la calle en la que yo vivía: "Avenida del Caudillo", nombre que fue sustituido por de el de "Avenida Laureá Miró", un abogado y político nacionalista local que fue diputado y murió repentinamente en 1916.

Apoyado en el barómetro de la fachada de la Caixa, le pregunté a mi amigo taxista (era amigo de todos los taxistas que me querían mucho y me sacaron gratis en múltiples ocasiones de algunos apuros) qué le parecía la transformación del callejero sabiendo que a él le habían matado a su padre y a un tío en la guerra. Se quedó mirando circunspecto a algún punto lejano de la Nacional II que cruzaba delante de nuestras narices, y dijo:

-Mal.
- ¿Mal? Pero si te mataron a tu padre y a un tío en la guerra.
-Sí, pero los mató su hermano. Es decir, otro tío mío.

No me pareció oportuno continuar. Con 15 años empecé a tomar conciencia de la monstruosa locura que representó para todos los que padecieron aquella maldita y condenada guerra entre hermanos. Aunque pensé que el nombre de la calle estaba bien quitado. Pero tuve muchas ocasiones de ponerme triste porque aquel ritual derivaría miles de veces en el absurdo, como cuando los separatistas vascos le quitaron a Unamuno una calle en Bilbao. Un aquellarre delirante que continúa hoy en día cuando los ignorantes, incultos y desfasados podemitas (o podemistas) obsesionados con la idea freudiana de "matar al padre", esos pijos revolucionarios de asamblea y vaso de plástico están empeñados en que desaparezcan de Madrid las calles dedicadas a Josep Pla, Eugenio D´Ors, Salvador Dalí, Jardiel Poncela o Ramón Gómez de la Serna, a quien el recordado Tierno Galván dedicó un sentido homenaje en los años 80.

La perversión de la Ley de la Memoria Histórica (una ley infame si se deja al albur, como está sucediendo, de los sectarismos ideológicos) a manos de estas excreciones del más infame totalitarismo puede ser entendida como una anécdota más, como decía Azaña "es una Inocente manía, que parece responder a la ilusión de borrar el pasado hasta en sus vestigios más anodinos y apoderarse del presente y del mañana. En el fondo, es una muestra del subjetivismo español, que se traduce en indiferencia, desamor o desprecio hacia el carácter impersonal de las cosas. Madrid administrado casi siempre por forasteros y analfabetos, ha dado sobre el particular ejemplos de muy mal gusto, y no ahora, sino desde hace mucho tiempo. Sobre todo cuando le sobrevienen a un concejal ataques agudos de cursilería, y encuentra poco distinguido, impropio de una gran ciudad, que ciertas calles se llamen del Lobo, o La Gorguera, o El Soldado, o ¡Válgame Dios!, etcétera, etcétera.". Pero, yo más que una nadería, entiendo que es un vómito de bilis provocado por la rabia y el revanchismo de quienes creen que todo comenzó con ellos. Como decía Azaña, unos insignificantes y desgraciados analfabetos a los que enterrará la historia y de los que sólo se recordará su odio y su innata incapacidad para construir nada.
LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977
(Capítulo 4)

LOS VISIGODOS

Habían pasado casi tres siglos cuando el reloj de la Historia marcó, en el siglo V, la hora de los pueblos germanos.
Eurico (466-484) se ganó la confianza de los romanos y pudo hacer, sin grandes dificultades, una profunda penetración en Hispania. Llegó hasta Gibraltar, pero no pudo pasar a África.
Los visigodos no fueron los únicos pueblos germanos que descendieron a la Península. Pronto vinieron los suevos guiados por Hermerico (409-441) que actuó de acuerdo con los romanos, cuyo Imperio se encontraba ya muy debilitado.
En el año 409, los vándalos, después de recorrer y saquear las Galias, forzaron el paso de los Pirineos y se extendieron por toda la Península. Vinieron también los alanos en su compañía. Los capitaneaba Hermerico y se establecieron en la Provincia Lusitana y en la Cartaginense, no sin haber antes combatido y saqueado.
No carece de lógica pensar que los romanos y sus protegidos encontraron la destrucción por oponerles resistencia. ¿Podremos, pues, atribuir la destrucción de estos poblados, incluida Mérida, a las oleadas salvajes de vándalos y alanos?
Mas tarde los vándalos y sus aliados fueron aniquilados por el visigodo Walia, el año 418. Los supervivientes, unidos a Genserico, se dirigieron a África.
Aquí empezó el colapso de La Haba, que no despertaría hasta los tiempos venideros de la Orden de Alcántara.
El poder de los visigodos continuó sin otros contratiempos que las luchas religiosas entre arrianos y católicos.
Tras la muerte de Vitiza, acaecida el año 710, llega la hora de aparecer en el escenario de la Península el pueblo árabe.

LOS ÁRABES

Al morir el rey Vitiza, visigodo, el reino se dividió entre los partidarios de Aquila, su hijo, y los de Rodrigo, duque de la Bética. Mientras Aquila era coronado en Toledo, Rodrigo lo era en Córdoba, y ocupó pronto Toledo apoyado por la nobleza. Aquila entonces pidió ayuda a los musulmanes, que desembarcaron en Gibraltar el día 28 de abril del año 711. Esta es la fecha.
Hay que aclarar que Aquila y los suyos eran arrianos. Rodrigo y los suyos, católicos. Todos eran cristianos. Tal vez por esto los musulmanes no se contentaron con vencer a Rodrigo, sino que también traicionaron la confianza que Aquila depositó en ellos. Tariq Benzema ibn Ziyād al-Layti ocupó Toledo el día 11 de noviembre del mismo año.
Siempre nos han enseñado que la invasión árabe fue una desgracia para el Cristianismo en España. Primero no fue invasión. Y en segundo lugar los cristianos divididos se mostraron malos cristianos. Por lo cual merecieron y necesitaron una limpieza. La misma distinción entre arrianos y católicos era una división del clero, o sea, de los dirigentes de la Iglesia.
Además los árabes trajeron una cultura, unos conocimientos esotéricos, que nunca hemos sabido apreciar. Sólo algunos benedictinos se percataron de ello, y mientras por un lado luchaban por reconquistar nuestro suelo, por otro asistían a las universidades árabes de Córdoba y Toledo, y estudiaban en sus conventos el Corán, Libro sagrado musulmán que relata las revelaciones de Mahona.
No en todas las partes fue fácil la ocupación. Las tierras del sur, las más ricas en población y en cultivos y de clima más parecido a África, fueron las más castigadas. La lucha contra el cristianismo y los deseos de botín eran los pretextos principales para saquear, destruir y matar. La rendición incondicional o la esclavitud perdonaban algunas vidas. Aquellas pobres gentes, independientes por temperamento, y hartos de sufrir el dominio de los poderosos, hubieron de rendirse una vez más víctimas de la más sañuda y despiadada destrucción.
Sin embargo podemos pensar que estos pueblecitos fueron respetados, o porque fueron abandonados por sus habitantes, o porque, como no era población de gente noble no eran partidarios de Rodrigo. Los musulmanes de la primera expedición no vinieron a invadir sino a ayudar a Aquila.
No podemos pensar lo mismo de la segunda expedición, el año 712. Vinieron a las órdenes de Abu Abd ar-Rahman Musa ibn Nusayr ibn Abd ar-Rahman Zayd al-Lajmi (Muza), y en menos de un año llegaron hasta Mérida. Las mujeres sirvieron para satisfacer las pasiones árabes, y los hombres, muertos o llevados a la lucha.
Aquello fue en estas tierras un fin. Sobre todo para los cristianos. Muchos se aprestaron incluso a practicar el Islamismo, o a engrosar los harenes, con tal de conservar la vida.
Desde entonces toda esta zona o Comarca fue presidida desde el Cerro o Fortaleza de Magacela. Las autoridades supremas residieron, primero en Damasco con el Emir, luego en Córdoba con el Califa, al fin en Badajoz donde residió el Taifa, siendo uno de los reyes independientes desde el año 1031.
Cuando los almorávides vinieron en 1086 con Násir ad-Din ibn Talakakinin (Yusuf ibn Tašhfin) para luchar contra Alfonso VI de León “el Bravo”, se quedaron y fundaron Umm-Gazala (Magacela). Pero en La Haba no hicieron nada, no quedaron huellas. Preferían lugares difícilmente accesibles, pues desconfiaban de los aborígenes cristianos. Así podrían defenderse mejor en caso de agresión. La Haba no era lugar a propósito en unos tiempos de tan frecuentes ataques y saqueos. Las llanuras, más aún las cañadas, no eran recomendables para vivir. Las únicas poblaciones recomendables eran las próximas a una Fortaleza o Castillo. Así Zalamea, Magacela, Benquerencia, Mojáfar (Castillo de la Encomienda de Villanueva de la Serena), pero no La Haba.
Villanueva y Don Benito entonces no existían más que en forma de pequeño grupo de casas de campo. Solo se convertirían en población cuando La Haba pudiera resucitar. Es decir, después de la Reconquista.
LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977
(Capítulo 3)

VISITANTES

Con estos habitantes de la Península hicieron florecer su comercio los Fenicios, que, llevándose pingues ganancias de metales, trajeron a los indígenas sus costumbres y sus habilidades, incluida la navegación, a partir del siglo XII a. de C.
Cuando llegaron a estas tierras, si no los fenicios al menos si sus conocimientos de metalurgia, ya iba declinando la civilización de la piedra.
En el siglo VI a. de C. vinieron por el norte los Celtas, que no llegaron a nuestras tierras antes de mezclar su sangre con la de las tribus iberas. Esta simbiosis celtibera se extendió por toda la Península, incluso hay quien pretende ver por aquí ciertos detalles de cultura y construcciones de estilo celta.
Poco después llegarían los Griegos, portadores de una gran cultura, la más floreciente y profunda de todos los pueblos mediterráneos. No vinieron a la Península con poderío militar sino económico. Eran comerciantes y aventureros que se entendieron bien con los peninsulares en sus negociaciones comerciales, según cuenta Herodoto.
Sin dejarse esperar llegaron los Cartagineses, más deseosos de dominio, y que también fundaron sus colonias.
Todos estos visitantes y colonizadores realizaban sus actividades en regiones costeras, donde se formaban las ciudades industriales y comerciales. En el interior se vivía con más monotonía y naturalidad. Así sucede que en esta comarca de la Serena hay pocas señales de influencia de tales pueblos.
Fueron las batallas entre griegos y cartagineses las primeras que se libraron a gran escala en estas tierras que callada y humildemente quedaron incluidas en los territorios ocupados por Aníbal, tras las “guerras púnicas”, en el siglo III a. de C. Ante el invasor tenían que rendirse y pagar tributo, o ser víctimas del saqueo y destrucción. Esta suerte corrieron todas las tribus carpetanas, que poblaron las márgenes del Guadiana y del Tajo, y entre otras nuestros sufridos vetones. Pasaron pues del dominio griego al cartaginés, y del cartaginés al romano.

LOS ROMANOS

Al final del siglo III antes de nuestra Era llegaron a España los romanos. Ya no era el país de los Tartesos, que tan célebre fueron anteriormente, sino el país de Hispalis, la actual Sevilla, hasta donde llegaban navegando.
Los romanos llegaron deseosos de las buenas fuentes de riqueza que los cartagineses tenían en la Península. Así tras la región bética decidieron conquistar la península entera.
No tardaron mucho pero encontraron importantes frenos. Por entonces los tartesios y los iberos habían logrado una excepcional organización militar y política. Tal vez obligados a defenderse contra el bandidaje de los visitantes. Los pueblos antes independientes se unieron para hacer frente al poderoso ejército romano.
Aquí se ve claro el espíritu de resistencia a toda imposición violenta que estas gentes han practicado siempre. Tal vez por eso se ha conservado por milenios su temperamento indómito típicamente ibero.
Así, pues, también los vetones se aliaron con los Lusitanos en la lucha contra el orgulloso imperio invasor. Primero Púnico (155-154 a. de C.), luego Kaisaros o Césaro (153 a. de C.) y después Viriato, sostuvieron una tenaz resistencia. Viriato era lusitano y no aceptó la decisión de su gente de capitular con los romanos.
Así quedaron incluidos en la guerra todos los poblados de esta zona.
Como el Cerro de la actual Magacela, antes Contosolia, ofreció a Viriato una excepcional atalaya, estas tierras se convirtieron en escenario de luchas, las primeras guerrillas que se vieron en la Península y tal vez en Europa. Este sistema de lucha sería imitado mucho después, en el siglo XX.
Pero “La aba”, situada a legua y media de Contosolia, no tuvo que esperar la muerte de Viriato por traición para quedar definitivamente anexionada a una nueva provincia romana, la Lusitania. Ganó la partida de Cepión el año 139 a. de C. sobornando a los emisarios de Viriato, quienes a su regreso le asesinaron en la tienda mientras dormía para cobrar el precio a que había sido puesta su cabeza. Pero como “Roma no paga a traidores” los asesinos fueron a su vez asesinados. Los lusitanos hicieron espléndidos funerales a su jefe, cuyo cuerpo fue quemado en una altísima pira y sus cenizas encerradas en una suntuosa tumba. Táutalo, sucesor de Viriato, se rindió a Quinto Servilio Cepión.
Aunque no sería este el último movimiento bélico que mancharía de sangre estas alegres tierras, La Haba gozaría con sus vecinos de todas las vegas del Guadiana, de una larga era de relativa paz. Las guerras civiles del Imperio repercutieron en la Península, pero no mucho en estas tierras lusitanas.
Todo esto sucedió en el siglo II del Cristianismo:
Tal vez después, cuando Emerita Augusta (Mérida) a orillas del Guadiana se convirtió (año 25 a. de C.) en la merecida capital de la provincia Lusitana, los romanos procuraron mejorar el ambiente social de Hispania (España). Aderezaron los caminos existentes. Hicieron otros nuevos y hasta algunas calzadas. Construyeron puentes donde los ríos eran vadeados. Una de estas calzadas, carreteras de entonces, unía Emerita Augusta (Mérida) con Caesar Augusta (Zaragoza) pasando por Contosolia y rozando el norte de La Haba. Tras pasar por el puente de Metel-lum (Medellín) entraba en la Serena por Porticus de la Serena (Villanueva de la Serena). Luego esta calzada pasando por varias ciudades fortificadas y castillos se dirigía a Toletum (Toledo), para continuar hacia Zaragoza. Era la calzada número XXVIII del Itinerario de Antonino.
No dudo de que en tales tiempos estaban habitados los poblados de las “canteras” junto al Ortiga. Por eso los romanos hicieron el puente que pisamos para llegar a la Ermita de Nuestra Señora de la Antigua, y que aunque no tan hermoso como el de Medellín, conserva un escudo en la cumbre del pretil. Antes sirvió de acceso a los abandonados poblados sitos kilómetro y medio más allá. También hay otro puente cerca de La Guarda, y que es típicamente romano.
Los romanos impusieron su lengua, su arte, su religión, su política, etc. No hay duda de que aunque esto tuviera grandes ventajas para los indígenas, sirve de interferencia para comunicarnos con el pasado de nuestro país y entenderlo.
LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977
(Capítulo 2)

¿QUIÉNES ERAN?

Sin ánimo de alargarnos demasiado podríamos preguntarnos de donde procedían los conocimientos de aquellas gentes y ellos mismos.
Los habitantes prehistóricos de Iberia, nuestra Península, son muy poco conocidos. Tal vez porque no han llegado hasta nosotros huellas distinguibles de ellos, y sobre todo porque no usaron demasiado la escritura, solo raras veces. Pero según parece, por los elementos existentes en nuestras tierras se vieron enriquecidos y promocionados por otra raza ibero-sahariana o libio-ibera. Fue un lento proceso que se verificó durante el Neolítico. Sabemos que aquella simbiosis original era una raza morena y dolicocéfala (cabeza alargada), descendiente de cromagnoides. Posteriormente, en la edad de los metales, sobre todo a partir del bronce, por los años 5.000 a. de C., culturas procedentes de otras zonas del Mediterráneo influyeron en el desarrollo humano, técnico y religioso de la mitad sur y oriental de la Península. Igualmente los celtas llegaron al norte y oeste a partir del segundo milenio, con todo su bagaje cultural druídico, tan poco conocido porque jamás usaron la escritura.
En esta época, el hombre antes nómada y cazador se hace sedentario, y se dedica al cultivo de las tierras próximas a su vivienda y al cultivo y cría de los animales domésticos. Los lugares preferidos eran las cañadas, útiles para el cultivo y el pastoreo. Las colinas rocosas eran preferidas para la construcción de viviendas, por lo firme, por las canteras, y para dejar las mejores tierras para la vegetación. Vivían en agrupaciones poco numerosas, que nos hacen pensar más en clanes familiares que en tribus. A veces formaban varios grupos de viviendas.
Su religión también abundaba en ideas importadas de las culturas mediterráneas. Las huellas que se conservan parecen ser del último milenio antes de nuestra Era. En sus creencias y en sus ritos predominan los cultos astrales, lunares y sobre todo solares. Entre sus dioses sobresalen Crom (crom sol) y Astarte (Venus) que bien parecen de origen egipcio. Eran pues adoradores de los astros, o sea, de las radiaciones astrales que tanto influyen benéfica y maléficamente sobre la vida terrestre. Tal religión era el Sabeísmo, precedente de Babilonia, conservada en Sabá (país preislámico que se corresponde con el actual Yemen) hasta el siglo XI. En nuestro país el sabeísmo se expresó de diversas maneras, siempre en monumentos megalíticos. Tal vez fue traída por los Mohabitas de Fenicia, y su origen se pierde en la noche de los tiempos. Se han encontrado vestigios, además de en los pueblos mediterráneos, en la India, en Polinesia, en África y en Indoamérica, que se remontan, al menos, a 10 o 12.000 años antes de Jesucristo.
Respetaban a los muertos y creían en la supervivencia del alma. Tenían pues presente la existencia del espíritu humano y de otras realidades visibles. Fabricaban las tumbas agrupadas cerca de sus viviendas y orientadas según el recorrido del sol. Estas necrópolis eran lugar preferido o exclusivo de la oración. O tal vez los enterramientos eran llevados al lugar de la oración. Así, o el templo se convertía en necrópolis o la necrópolis se convertía en templo. Eran construidas las tumbas con solidez, incluso excavadas en la roca, para evitar cualquier profanación por parte de hombres o animales. Otras civilizaciones llegarían a esterilizar los cadáveres (momias). Una postura característica de los iberos en nuestras tierras (tal vez aprendida de los celtas) en sus enterramientos era la postura fetal, tan preferida por los pueblos que rendían culto a los dioses del sol, o sea, a las fuerzas solares. A primeros de 1972 se descubrieron en las proximidades de Magacela tres cadáveres, dos en sus tumbas y otro fuera en dicha postura. Y tumbas de roca, semejantes a modernas bañeras se ven lo mismo hoy en el Berrocal de Magacela, como en las cercanías del Ortiga y de la Ermita de la Antigua, en el término de La Haba. Todo esto sin duda la expresión de su fe en la otra vida, en la siguiente a esta para el espíritu, en la supervivencia del alma, pues consideraban a la Tierra como una Madre que un día daría a luz un espíritu que sería capaz de vivir en ella, después de desaparecer ella. La práctica de todas las religiones van mezcladas de supersticiones, pero en el fondo hay una verdad innegable.

EL NOMBRE

La Haba tiene un nombre como corresponde a su origen.
Algunos, como Antonio Agundez Fernández en su Visita a la Serena, dice que se deriva de los llamados “habas” o “dientes de caballo” que abundan en estas rocas volcánicas. Tales granos son cristalizaciones de feldespato y cuarzo de color marfil opaco y de forma alargada de prisma irregular.
También dicen otros que como en sus tierras se cría bien la célebre leguminosa, de ahí tomó su nombre la población. Pienso en contra que en muchos pueblos de la Serena se cultivan habas y sólo éste lleva tal nombre.
Prefiero irme más atrás. Casi a sus orígenes:
En las lenguas indoeuropeas, o al menos en alguna de ellas, la palabra “aba” significaba simplemente “roca útil”, o sea, cantera. Lo que cuadra perfectamente con este primitivo canchal limpio y lavado en medio de fuertes tierras aptas para cereales y ganadería. Este trozo de berrocal era “la aba”, o sea, la roca útil para construir la vivienda. Aquellos hombres eran unos “patanes”, o sea, condecorados con la pata de oca, o sea, conocedores de los secretos de la piedra, que es lo mismo que decir “iniciados”, “paletos”. Más aún, eran “sabbat”, brujos, constructores. Como los kabbalistas, sabían buscar y encontrar la manera de mantenerse en contacto con la Soberana Gran Madre, que es la Naturaleza. La etimología nos puede hablar de “batel” o “bat” que hace alusión al bastón que usaron como vara de medir los prestidigitadores, constructores medievales. Los que hacían maravillas con las manos, que sabían encontrar, no solo la piedra sagrada, “Car-abas”, sino el lugar donde la piedra común se hace sagrada, y sirve de conexión con la Madre Naturaleza. Recordemos lo dicho más arriba sobre las cavernas artificiales y sobre el culto a los astros.
Luego la fonética impuso sus cambios, y ahora los no iniciados no sabemos pensar más que en las legumbres y en los “dientes de caballo” que incluso pueden relacionarse con las ciencias herméticas o la kabbala.
Se llegó a poner “h” y sale “haba” hispanizando una palabra que se dice latina. ¿Pero cuando ha sido “faba”?; puesto que la palabra original latina es ésta.
Busquemos, pues, el origen del nombre en el origen del pueblo que lo lleva.
Mi agradecimiento al autor que vio y sintio en "nuestro pequeño pueblo" lo que yo nunca supe ver, y gracias a ti Pedro, que nos has puesto este trabajo en bandeja. Saludos cariñosos para todos y buenas noches.
DE BIEN NACIDOS, ES SER AGRADECIDOS

Gracias a ti, UNOMAS, a todos los jabeños y asiduos al foro aunque tengan otra patria chica, que conozco a bastantes y me los encuentro siempre allá por donde voy dejando algunas cagarrutas. Pues sí, amigo, el cura Antonio Reseco ofició la ceremonia de mi Primera Comunión por accidente, se acordarán bien los jabeños de mi generación. En realidad, le correspondía a otro cura que era el titular de nuestra parroquia por aquel entonces, Teófilo. Pero había surgido una agria polémica por los trajes que debíamos de llevar los niños y las niñas, que él deseaba que fueran lo más humildes posible. El cura Teófilo no se presentó (creo que alegó que estaba enfermo, no me extraña que algo depresivo) siendo finalmente sustituido por Antonio Reseco quien ofició el sacro oficio de darnos nuestra Primera Comunión. En 1977 yo había volado ya de La Haba llevándome consigo un saco de frustraciones y lamentos, aunque siempre que podía venía algunos días de vacaciones, fue una de esas veces cuando me enseñó el estudio que había elaborado del pueblo y me lo dejó leer. Por mi parte aporté algunos datos que había sacado de algunos libros que tenía de mi padre, sobre todo de uno antiquísimo que relataba un viaje por la comarca de la Serena.

Te diré una cosa ahora que nadie nos lee. Yo no he sido nunca partidario de cambiar el nombre a ninguna calle. Siempre he pensado que esa gilipollez no va a variar nuestra historia ni va hacer menos lesivo nuestro lacerante pasado porque la memoria histórica es una herida abierta en el frontispicio de nuestra memoria colectiva, un martillo pilón que nos golpea y hace inútil la ceguera o cualquier cobijo. No creo que Santiago Carrillo se merezca más una placa que Pedro Muñoz Seca o Miguel Mihura... y ni me molesta el recuerdo de uno ni de los otros (si siempre van a surgir estas ásperas controversias, que numeren las calles en lugar de ponerlas nombres como hacen en Estados Unidos). Pero como en este cateto y condenado país nos movemos siempre por pulsiones revanchistas y cainitas, siempre andamos dando la nota con estas absurdas acciones en lugar de preocuparnos de las cuestiones que realmente importan: la limpieza de las ciudades, el estado de las aceras y la calzada, las listas de espera de los hospitales, la calidad de la educación, los servicios sociales y la protección de los más necesitados... Digo esto porque cuando se cambiaron el nombre de varias calles en nuestro pueblo (insisto, algo en lo que estoy en total desacuerdo y que supuso una verdadera molestia para los vecinos aunque aquí la razón no era política) no se consultó, como hubiera sido preceptivo y conveniente, a los vecinos y se optó por algún nombre estrambótico que a muchos de los residentes nos resultó chocante. Lo hecho, hecho está, pero soy sincero al afirmar que me molestan este tipo de decisiones unilaterales que están muy alejadas de lo que muchos consideramos que debe ser una democracia real y participativa. Me contaron el motivo pero en absoluto me convenció y espero que de ahora en adelante este tipo de determinaciones se lleven a cabo de manera consensuada. Esto viene a cuento porque de habernos consultado a los vecinos, yo me hubiera decantado por no cambiar el nombre de ninguna calle a no ser que se tratase de bautizar a alguna nueva. Pero si no quedaba más remedio, yo hubiera propuesto el nombre de "Antonio Reseco" para mi calle en lugar del simplón e inane que ahora luce. Antonio Reseco González ha sido la única persona que a lo largo de la historia de La Haba dedicó su tiempo y esfuerzo a bucear por la historia de nuestra villa. Aunque sólo sea por esto, se merece un homenaje, un tributo, un reconocimiento, cualquier cosa que sirva para valorar aquel afán, aquel entusiasmo que le dedicó a nuestra pequeña comunidad y que sólo ha sido pagado con la indiferencia y el ostracismo.

Es como yo lo veo, mi personalísimo punto de vista, pero yo no estoy en posesión de la verdad. Estamos cansados de ir detrás de la verdad, y la verdad es una fugitiva que huye sin mirar atrás y sin un destino marcado.

Un abrazo a todos los jabeños que sé que me quieren... y también, si hay algunos, a los que me odian.
Por la relevancia histórica y sentimental que representa para los que somos, nos sentimos y ejercemos de jabeños, comienzo hoy a subir el trabajo realizado por Antonio Reseco (sacerdote en los años 70 de nuestra parroquia y la de Magacela) sobre la historia de nuestro pueblo. Un trabajo que iré subiendo por capítulos y que realmente me trae muchos recuerdos porque fui su monaguillo y compartimos momentos inolvidables. El cura Reseco me enseñó tempranamente a amar la cultura y la historia, ... (ver texto completo)
Mi agradecimiento al autor que vio y sintio en "nuestro pequeño pueblo" lo que yo nunca supe ver, y gracias a ti Pedro, que nos has puesto este trabajo en bandeja. Saludos cariñosos para todos y buenas noches.
Por la relevancia histórica y sentimental que representa para los que somos, nos sentimos y ejercemos de jabeños, comienzo hoy a subir el trabajo realizado por Antonio Reseco (sacerdote en los años 70 de nuestra parroquia y la de Magacela) sobre la historia de nuestro pueblo. Un trabajo que iré subiendo por capítulos y que realmente me trae muchos recuerdos porque fui su monaguillo y compartimos momentos inolvidables. El cura Reseco me enseñó tempranamente a amar la cultura y la historia, la publicación de este trabajo que tuvimos que asear para limar ciertas imprecisiones y completar con algunos datos que faltaban, sirve de homenaje a este hombre que, al menos en mí, supongo que en más personas, dejó una huella indeleble que ha quedado grabada en las cálidas playas de la memoria. Espero que os guste, y recordad siempre que si el esfuerzo valió la pena, que todos estaremos de acuerdo en que sí, de bien nacidos es ser agradecidos.

LA HABA. AYER Y HOY (Breve ensayo de historia)
AUTOR: Antonio Reseco González
AÑO: Junio de 1977

SITUACIÓN

En España. En Extremadura. En la Comarca de la serena, rica y hermosa tierra de la provincia pacense.
Está situada entre los términos de Magacela, Quintana, El Valle, Don Benito, Campanario y Villanueva de la Serena. Al sur de esta última población a cuyo partido judicial pertenece. El conocido Arroyo del campo recorre varios kilómetros recogiendo las aguas de lluvia, que verterá en el Guadiana después de atravesar La Haba y pasar rozando los pies a Don Benito.
Este antiquísimo pueblecito se encuentra a unos 2º Oeste según el Meridiano que pasa por Madrid, y 39º Norte.
Y su altura es de 303 metros sobre el nivel del mar.
Este es el nido de mi pequeño lugar. Allí se esconde como una violeta conservada a través del tiempo con inusitada perseverancia. Escondido en la cañada, donde dormiría alejado de la civilización si no pasara rozándolo la carretera que une a Don Benito y Zalamea pasando por Quintana.
Allí se encuentra un hermoso berrocal granítico destapado por las aguas de avenida del Arroyo. Como el granito es buen cimiento y ofrece materiales para la construcción; como además el agua era cristalina y casi constante; y como las tierras vecinas son fértiles fue lugar escogido para edificar desde que los hombres dejaron de ser nómadas.

IBEROS

Es hermoso imaginarse un paisaje rodeado de frondosas colinas con arboleda y matorrales salvajes y, en el descenso de la cañada, una calva gris, casi blanca, de peñas limpias, alargada casi un kilómetro sin llegar a medio de anchura. Así encontraron este lugar unos hombres que bien pueden ser los ascendientes de los vetones.
Fluían entonces por las tribus iberas (Vacceos, Edetanos, Turdetanos, Túrdulos, etc.) anteriores a la invasión celta o contemporáneos, unas corrientes culturales sobre el manejo de la piedra y otras artes de importación. Conocían la naturaleza tal vez mejor que nosotros, su influencia en el ser humano y animal, la colocación y nombres de los astros cuyas radiaciones veneraban tal vez por el misterio que todo ello contenía y que nosotros creemos entender. Las viviendas y los templos eran construidos a base de grandes placas de granito según la moda. Es la época de los megalitos. Por esta zona de la actual Baja Extremadura encontraron abundantes canteras aquellos hombres que bien se les podría considerar sabios. Pues cuando sus antepasados salieron de las cavernas naturales, de las entrañas de la Tierra-Madre, se aficionaron a construir cavernas artificiales. En realidad es más fácil lo que nosotros hacemos, o la construcción de chozas. Pero ellos sabían bien que la piedra es un condensador de fuerzas telúricas, que bajo la piedra se recibe vitalidad, como en el seno materno, que al pie de la piedra se reciben los ecos de vibraciones despertadoras de los sentidos y de la sensibilidad psíquica. Los fabricantes de los Megalitos han demostrado tener unos conocimientos científicos que ahora no se usan.

Testigos tenemos abundantes. Multitud de poblados desaparecidos, cuyos restos se encuentran dispersados por las vegas del Guadiana, como los del Torruco, el camino por algo llamado de “las canteras”, que todavía nos muestran las piedras al parecer recién cortadas. ¡Cómo se notan las señales de las cuñas de madera que mojaban para romper los bloques de granito! Y todavía se ven los restos de poblados con multitud de piedras bien cortadas, y hasta sepulcros tallados en la roca por las proximidades del río Ortiga y de la Ermita Antigua. ¿Quién me puede asegurar que aquí no hubo incluso Megalitos? Pues bien, cerca, a siete kilómetros, al pie del Cerro de Magacela, aún se conserva un hermoso Crom-Lech con sus doce piedras verticales formando un círculo de cinco metros de diámetro y su puerta mirando al saliente. Así es correcto, pues el Crom-Lech es un santuario dedicado a los dioses del sol, es decir, a las Fuerzas solares que dan fertilidad a la naturaleza terrestre, animal y humana. Exactamente las características de aquella civilización megalítica que dejó sembrados de menhires, falos, crom-lechs y dólmenes todos los paisajes europeos y americanos de la costa atlántica. Eran sabios que habían desarrollado profundos conocimientos de la Naturaleza próxima en la Tierra y lejana en los cielos. O eran al menos, sus herederos.
¿Qué por qué ahora no los hay, por qué no se conservan? Muy sencillo. Porque las gentes desconocedoras de su utilidad, en tiempos posteriores, han aprovechado las piedras, que lógicamente fueron llamadas “sargadas”, para construir sus viviendas.
Barato material que no hacía falta traer de las canteras, y que tal vez estaba a la puerta de casa. Seguro que el Crom-lech de Magacela se conserva porque esta lejos de las viviendas actuales y porque los dueños de la finca han respetado la historia.
Era el tiempo de alguna de las eras magdalenienses, dentro del Paleolítico o principios del Neolítico. A partir de hace unos 6 u 8.000 años.
fotos antiguas de la haba badajoz
Y ENCONTRARÁ LA PAZ

No hay día que no nos desayunemos con algún caso de violencia machista; un tipejo desalmado y repugnante, una mala bestia, lanza a una niña de 18 meses por la ventana tras abusar de ella y agredir a la madre. Meses atrás, creo que fue el pasado mes de octubre, un niño de 11 años se suicidó tirándose al vacío desde la quinta planta de un edificio donde estaba situado el piso familiar en un barrio de Leganés. Síntomas alarmantes de una sociedad profundamente enferma. No siquiera yo, que he crecido amamantado por las fantasías distópicas de autores como Ray Bradbury y J. G. Ballard y el cine turbador de David Lynch y David Cronenberg, podía imaginar un mundo tan macabro y decadente.

Como padres, debemos reflexionar sobre lo ocurrido a este niño que se suicidó dejando una carta de despedida en su peluche favorito en la que narraba las razones de su fatal determinación. El principal y al parecer único fundamento, “que no aguantaba ir al colegio”. He llorado mucho leyendo esta carta, un llanto inútil, por otra parte, porque ni siquiera sirve ya de desahogo y, como dijo alguien, puede que las lágrimas sólo sean la estela que deja el alma en el mar de la existencia. Reproduzco los últimos párrafos de esta desoladora y testimonial misiva: “Os digo esto porque yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera de ir: Por favor, espero que algún día podáis odiarme un poquito menos. Os pido que no os separéis, papi y mamá, sólo viéndoos juntos y felices yo seré feliz. Os echaré de menos y espero que algún día podamos vernos en el cielo. Bueno, me despido para siempre. Firmado, Diego. Ah, una cosa, espero que encuentres trabajo Tata”.

He tenido que parar un momento porque estoy llorando otra vez como un niño, mi alma se desgarra y siento que me voy a romper por dentro. Como es fácil adivinar, es una carta escrita con una madurez impropia de un niño de la edad de Diego. Las autoridades están investigando las causas del luctuoso suceso por si se tratara de un nuevo caso de bullyng o si existía alguna razón oculta que le empujara a tomar tan tremenda decisión. Tengo claro que la carta debería ser de lectura obligada al inicio de los cursos en las aulas de todos los colegios de nuestro país. No sólo para concienciar y sensibilizar a los alumnos, también para que los maestros o profesores eduquen a nuestros hijos en principios y valores, aunque esta es una responsabilidad que debe ser compartida por las familias, llevando a cabo una pedagogía constructiva y de alto valor ético y moral.

Se trata, en definitiva, de crear un mundo mejor porque un mundo mejor es posible. Y tengo que dejar de escribir porque siento una gran tristeza, una honda amargura y una insalvable impotencia cuando me pregunto ¿por qué para Diego ir al colegio era incompatible con la vida? No lo sé, nadie parece tener una respuesta para esa pregunta. Un niño a esa edad sólo piensa en jugar y divertirse, pero por algún motivo no era feliz en el colegio. Seguramente, no seré el mejor marido ni el mejor padre del mundo. Hago lo que puedo, y me conformo con que mi mujer y mis hijos así lo crean. Sí estoy en condiciones de afirmar que este dramático caso me ha servido para prestar aún más atención a cada detalle, por mínimo que parezca, que me haga sospechar algo en mis hijos. No sé rezar, Diego, pero al leer tu carta, me he dado cuenta de que en tu viaje esperas encontrar un paraíso celestial. Yo así lo deseo, y sólo espero que encuentres la paz que aquí se te negó, que el Espíritu del amor reúna en una misma familia a todos los pueblos de la Tierra.

Descansa en paz, ángel.
Echándole humor, ofrezco otra vez estos versos. No son jondos, ya lo sé, ni medidos ni pensados: pero a lo mejor, uno dellos sos trae un recuerdo y sois escapaces de hablar dél. A ver si por aquí, se arranca alguien.

LA PATRIA, sin orden.

Mi patria es el granito,
Sudor.

Aquélla inmensa Laguna,
Infancia.

Un puesto de chucherías,
Nostalgia.

Una sobria y recia encina,
Calor.

Mi patria es el pan de jara,
Olores.

Un cielo lleno de estrellas,
La era.

La perdiz muerta de un tiro,
La pena.

Un guateque clandestino,
Amores.

La Guardia Civil a caballo,
La leña,

Un autobús hacia el Norte,
El desgarro,

Una zahúrda en invierno,
El barro,

Un lagarto así de grande,
Una peña.

Unos ladridos nocturnos,
El miedo.

Una tormenta en la sierra,
El granizo.
La cabaña que no tuve,
El cobijo.
Lo que tú me prometiste,
Un sueño.

Mi patria es…., sólo eso.
habito blanci para promesa
juan pedro hidalgo cuesta