Pueblos de España

CASTELLAR (Jaén)

Habitantes: 3.654  Altitud: 758 m.  Gentilicio: Castellariego 
Hoy amanece en CASTELLAR a las 06:36 y anochece a las 19:51
Nº fotos: 71  Nº mensajes: 92  Visitas / día: 62 

Información general sobre CASTELLAR:

Situación:

Municipio enclavado en la parte central de la comarca de El Condado, situada al norte de la provincia. Los cultivos suponen más de la mitad de su término municipal que se concentran al sur, donde predomina el olivar, aunque la vega del Guadalimar, de gran riqueza, da cabida a cultivos hortícolas e industriales y forrajeros. En el área de sierra el matorral es dominante, por lo que no tiene una ganadería desarrollada, pero sí son tierras cinegéticamente muy interesantes, especialmente por su caza menor. La actividad económica gira en torno a la agricultura y en especial a la olivicultura.

Monumentos:

Iglesia Colegiata de Santiago, siglos XVI y XVII.

Palacio de los Duques de Medinaceli.

Casa Consistorial, siglo XVI. Conserva las Escrituras de la Concordia.

Castillo de don Men Rodríguez.

Yacimientos arqueológicos

Yacimiento de Las Cuevas de Lobera.

Santuario ibérico.

El Dorado. Ibero y romano.

El Campillo

Castillo de la Espinosa en Consolación

Fiestas:

Romería de San Benito (19 a 21 de Marzo) Patrón

Día de san Marcos (25/04):

Jornada de campo en la que es típico degustar hornazos.

Romería de Nuestra Señora de Consolación (1 al 3 de Mayo); Patrona:

La romería de la Virgen de la Consolación se inicia el 1 de Mayo, día en el que, los castellariegos se desplazan al santuario de la Virgen donde permanecen hasta que, la tarde del día 3, los cofrades, acompañados por muchos romeros vestidos con trajes flamencos y numerosas carretas enjaezadas, trasladan la imagen de la Virgen a la iglesia parroquial para que permanezca hasta el 29 de septiembre que, en romería, es devuelta al santuario que ha tomado su nombre.

Feria y Fiestas de agosto (10 al 15 de Agosto) en Honor de la Patrona Nuestra Señora de Consolación

Los amantes de los espectáculos taurinos no se arrepentirán de pasar las fiestas que Castellar celebra durante el mes de agosto en las que el toro se convierte en el verdadero protagonista del festejo. Encierros de novillos-toros (cita a la que no faltan los jóvenes lugareños y los habitantes de las poblaciones vecinas), novilladas con toreros noveles y un festival taurino hacen que estas fiestas sean un reclamo para los taurófilos quienes, por la noche, podrán cambiar el albero del coso por el de las animadas verbenas nocturnas.

Fiestas Patronales en honor de la Virgen de Consolación (7 y 8 de Septiembre)

29 de Septiembre traslado de la Imagen de la Virgen de Consolación a su ermita.

Desde 1545, año en el que apareció la imagen de la Virgen entre los restos del Castillo de la Espinosa, este pueblo, situado al norte de la provincia de Jaén, tiene como Patrona a la Virgen de Consolación. En su honor, celebra fiestas durante la primera quincena del mes de septiembre que se caracterizan por el protagonismo que adquiere el toro con el desarrollo de variados espectáculos: encierros, novilladas y corridas.

Costumbres:

Gastronomía
Son especiales, por su dulzor, los espárragos trigueros que se "buscan" de marzo a mayo, tomándose revueltos con huevos fritos, en vinagrillo, tortilla, así como añadidos a cualquier guiso típico de la zona.
Ajo-harina, ajo-mortero, gacha-migas, ajo-quemao, ajillo-bacalao, calandrajos, galianos, migas de harina y de pan.
Cocido castellariego, Salmorejo, Sopas, Habichuelas serranas, Jabalí en adobo, Perdiz en escabeche, Conejo con salsilla bordonera, Conejo al tomillo, Conejo al jarón, Venado a la bañusca, Espárragos en salsa. Guisos de caza.

Dulces: Gachas con miel. Pestiños.

Historia:

En las inmediaciones de Castellar se localiza uno de los grandes centros de culto de los íberos, el Santuario rupestre de las Cuevas de la Lobera, que debió tener una importancia considerable a partir de la segunda mitad del siglo IV a C. Por su posición estratégica. A él acudían gentes procedentes de ambos lados de Sierra Morena. Los numerosos exvotos encontrados en el mismo muestran unos logros escultóricos que los sitúa en la vanguardia artística del mundo conocido.

Pero la presencia del hombre en esta tierra es más antigua, los vestigios arqueológicos localizados en su término la remontan al 3000-2000 a C. Uno de los hallazgos más interesantes es el de la cueva de la Sima, con un conjunto sepulcral colectivo del neolítico, o los poblados del Algar o el cortijo de la Capilla.

Durante época romana proliferaron en sus alrededores un gran número de villas de grandes dimensiones como el cortijo de la Parrilla y el Dorado.

Castellar fue una de las primeras localidades conquistadas por Fernando III a los nazaríes en 1226. No obstante, hasta el final de la conquista castellana, esta tierra tuvo que soportar la incursión de las tropas nazaríes en sus dominios. De estos tiempos de contienda son testimonio los restos defensivos que quedan en su población, la mayoría enmascarados o reutilizados en edificaciones posteriores.

Durante la Edad Media y Moderna estuvo ligada a la Casa de los Benavides y Ducado de Medinaceli. Finalizada la reconquista cristiana estos Benavides transformaron la pequeña fortaleza con la que contaba la población en el siglo XIV en palacio señorial, de buena sillería y en línea con la moda estilística castellana, si bien conservando en su interior la antigua torre del homenaje. Otro de los edificios más emblemáticos de los legados por esta familia en Castellar es la Colegiata de Santiago Apóstol, una de las más ricas fundaciones de la provincia de Jaén en el siglo XVII.

Estos Benavides fueron primero señores desde 1371, luego condes en 1473 y posteriormente duques de Santisteban del Puerto en 1793. Desde la instauración del condado en 1473 comenzarían a desarrollarse una serie de litigios entre los tres pueblos que formaban el Condado -Santisteban, Castellar y Navas- algunos de los cuales han perdurado hasta nuestros días. Punto culminante de estos litigios es la resolución de 1789 conocida como "Escritura de Concordia", por la que se establecía la cesión por parte de la casa señorial de una serie de terrenos a los tres pueblos y como contrapartida la cesión de terrenos baldíos al Condado de Santisteban. Con todo, este tratado no significó el final de los pleitos; en el siglo XIX continuó un largo litigio que perseguía delimitar con precisión las demarcaciones territoriales de los municipios de Navas y Santisteban ya que castellar con Santisteban las tenía delimitadas desde el Catastro del Marqués dela Ensenada

La presencia del hombre en esta tierra se remonta al 3000-2000 a C. Uno de los hallazgos más interesantes es el de la cueva de la Sima, con un conjunto sepulcral colectivo del neolítico, o los poblados del Argar o el cortijo de la Capilla. Durante época romana proliferaron en sus alrededores un gran número de villas de grandes dimensiones como el cortijo de la Parrilla y el Dorado. Castellar fue una de las primeras localidades conquistadas por Fernando III a los nazaríes en 1226. No obstante, hasta el final de la conquista castellana, esta tierra tuvo que soportar la incursión de las tropas nazaríes en sus dominios. De estos tiempos de contienda son testimonio los restos defensivos que quedan en su población, la mayoría enmascarados o reutilizados en edificaciones posteriores. Durante la Edad Media y Moderna estuvo ligada a la Casa de los Benavides. Finalizada la reconquista cristiana estos Benavides transformaron la pequeña fortaleza con la que contaba la población en el siglo XIV en palacio señorial, de buena sillería y en línea con la moda estilística castellana, si bien conservando en su interior la antigua torre del homenaje. Otro de los edificios más emblemáticos de los legados por esta familia en Castellar es la ex-colegiata de Santiago, una de las más ricas fundaciones de la provincia en el siglo XVII. Estos Benavides fueron primero señores desde 1371, luego condes en 1473 y posteriormente duques de Santisteban del Puerto en 1793. Desde la instauración del condado en 1473 comenzarían a desarrollarse una serie de litigios entre los tres pueblos que formaban el Condado -Santisteban, Castellar y Navas- algunos de los cuales han perdurado hasta nuestros días. Punto culminante de estos litigios es la resolución de 1798 conocida como escritura de la concordia, por la que se establecía la cesión por parte de la casa señorial de una serie de terrenos a los tres pueblos y como contrapartida la cesión de terrenos baldíos al Condado de Santisteban. Con todo, este tratado no significó el final de los pleitos; en el siglo XIX continuó un largo litigio que perseguía delimitar con precisión las demarcaciones territoriales de los municipios de Castellar y Santisteban.

El santuario ibérico de Castellar, uno de los más importantes de España, se encuentra situado en lo que se conoce como "los Altos del Sotillo", a una distancia de 1,5 o 2 kilómetros del núcleo de la localidad, en la carretera Linares-Orcera. Dentro de este santuario, cabe destacar el núcleo central constituido por la conocida "cueva de la lobera" así como una serie de cuevas más anexas hasta un total de cinco y que podrían tratarse de viviendas que actualmente se encuentran en un lamentable estado de deterioro provocado por el paso del tiempo y por el abandono ciudadano e institucional. Este santuario de la Lobera se puede encuadrar cronológicamente en torno al siglo V a de C. aunque también se han encontrado niveles de ocupación de gran relevancia entre el siglo IV y III a. de C. El santuario se compone a groso modo de una especie de mesa de piedra a su entrada que se adentra unos metros más hasta el fondo del mismo estando rodeado por una terraza de piedras con una importante pendiente y desde donde se domina toda un valle con vistas a Sierra Morena y la propia Muela. Una característica común del santuario es su difícil acceso por la propia dureza del terreno así como por estar rodeado de fuentes, muchas de las cuales en la actualidad se encuentran agotadas por la falta de lluvias. Este yacimiento arqueológico, de vital importancia para Castellar comenzó a ser estudiado en al año 1914, aunque los continuos e innumerables expolios a los que se ha visto sometido a lo largo del tiempo han dificultado la labor de los expertos en las distintas etapas de prospecciones, así se pueden encontrar exvotos de bronce, procedentes de este lugar repartidos por todo el mundo, París, Londres, Nueva York...

Los exvotos de bronce, de unas dimensiones que oscilan entre los 2 y 14 centímetros son característicos del santuario de los Altos del Sotillo, unos bronces con representaciones humanas masculinas y femeninas así como distintas representaciones de partes del cuerpo humano como piernas, manos, etc. e incluso animales domésticos, destacando los caballos, carneros...

Cabe destacar en la propia variedad de bronces aparecidos el trabajo del artesano, encontrándose figuras de un gran trabajo y elaboración con el gusto por el detalle tanto en el vestido como en los rasgos humanos y unos bronces esquemáticos donde sobre una pequeña barra de bronce se trabajaba destacando fundamentalmente lo que sería la cabeza. En la elaboración de estos bronces de más belleza plástica cabe destacar la técnica de la cera perdida donde una figura se trabajaba sobre la cera que a su vez se recubría de tierra y se calentaba hasta que la cera se derretía y su puesto era ahora ocupado por el bronce que se introducía en este molde por un pequeño orificio, normalmente en la parte baja o lo que serían los pies. Una vez acabada la pieza ésta se limaba para acabar con cualquier tipo de imperfección en la fundición y a su vez se pulían y en muchas ocasiones, dependiendo del trabajo sobre la propia figura de cera los rasgos faciales o naturales de la figura se trabajaban directamente con un punzón o buril. Dentro del significado general de los exvotos cabe decir que éstos son pequeñas esculturas sacras de bronce, caso del santuario de castellar, aunque también existen de arcilla o piedra. El tipo de representaciones suelen indicar una ofrenda, una plegaria de curación, con lo que serían las distintas partes del cuerpo humano, de fecundidad, de protección, etcétera, teniendo en cuenta que aunque en un principio el acceso a las distintas divinidades era elitista, el acceso a lo sagrado fue ampliándose poco a poco a sectores de población más amplios que celebraban las distintas prácticas rituales de intercesión con la divinidad.

A una distancia comprendida entre 1.300 y 1.800 mts. al N. E. de Castellar, existe una ladera muy empinada que enfrenta al N. en la que, en la dirección de su longitud, afloran dos bancos pétreos paralelos de espesor variable que llega hasta unos diez metros, impidiendo el acceso desde los terrenos inferiores a ellos, a otros más altos. Los materiales que componen estos muros naturales pertenecen a la era geológica terciana y al producirse su levantamiento orogénico, se dislocaron los estratos en aquel sitio, hasta el punto de presentar cortaduras, grietas y oquedades que sirvieron de refugio a las tribus nómadas de la prehistoria, a las sedentarias que luego las ocuparon y en las que, acaso en los albores de la historia, construyeron el célebre Santuario Ibérico del que a continuación nos ocupamos.

Los citados afloramientos están compuestos por la superposición de estratos alternativos de pudingas y dolomías pertenecientes al período mioceno, y siguiendo el de mayor altitud en el sentido S. O. a N. O., encontramos primeramente una covachuela excavada en la pudinga a la que sirve de pavimento un estrato de dolomía. La abertura es de 2'20 metros de anchura por 0'90 mts. de altura y 2'20 de profundidad. En el fondo existen dos huecos horizontales de sección rectangular de unos 30 por 40 centímetros y un metro de hondura, separados por un macizo de medio metro, y enrasados con el techo hay otros dos socavoncillos aproximadamente iguales a los del suelo, pero más profundos en sentido horizontal.

A los nueve metros más adelante, hay otra cueva vaciada asimismo en la pudinga la mitad de su altura y en la dolomía el resto. Sus dimensiones son algo mayores que la de la anterior, excepto la altura que es igual, presentando asimismo dos huecos practicados en la dolomía, de un metro defondo, también en dirección horizontal. Es aventurado el afirmar rotundamente el uso a que destinaran estos pequeños departamentos, aunque es lógico suponer que se empleaban para guardar utensilios y conservar alimentos.

Avanzando setenta metros más, llegaremos a la gran cueva que fue Santuario Ibérico y, estudiado en su aspecto constructivo, podemos observar que no existiendo cavernas subterráneas en las rocas del mioceno, al producirse la fractura de los estratos y emerger los de un lado de ella sobre los del otro no podían quedar a la vista grandes cavidades, sino un corte en forma de bisel en el que las partes altas son las más salientes siendo aprovechada esta configuración para excavar en ella la gran cueva que formó el Santuario, y como, además, la regularidad de su interior no es natural, se puede afirmar, con escasas probabilidades de desacierto, que aquella monumental cueva fue construida por los hombres. Toda perforación está hecha en la pudinga que alcanza allí un espesor de siete metros, por lo menos, y como los medios con que contaban eran muy deficientes, hay que pensar que para facilitar su trabajo lo iniciarían en una ancha grieta vertical que, seguramente, llegaría hasta el suelo y ahora aparece a través de la techumbre. La abertura de entrada es de igual longitud y altura que la cueva, a las que corresponden, respectivamente, veintisiete metros y cinco y medio, o sea, que el Santuario está abierto en todo su frente exterior, en el alzado y planta.

El techo es una gran bóveda alabeada que se apoya en el contorno interior, formada por el mismo conglomerado de un metro de espesor sobre el que descansa una gran losa de dolomías de cuatro metros de grueso y encima hay todavía unos cuantos estratos alternando las rocas antedichas. Solamente conociendo el gran espesor de las dos primeras capas citadas, puede explicarse la estabilidad de tan enorme bóveda, que, además, se prolonga por fuera de la línea de fachada más de dos metros a modo de marquesina y por el lado opuesto sirve también de techumbre a la gran caverna interior, presenta la particularidad de que el suelo de ella está unos dos metros más alto que la planta de la gran cueva que le sirve de acceso.

Es sorprendente la intuición cultural de aquellos hombres, eligiendo las rocas asequibles a los medios con que contaban para excavarlas y que pudieran a la vez ofrecer una seguridad absoluta de estabilidad después de perforadas al formar aquella gigantesca obra En todos los tiempos las concesiones artísticas se han inspirado en las formas naturales, en las geométricas o en ambas combinadas. Es muy interesante la decoración que emplearon los artistas iberos en este templo reproduciendo, como elemento ornamental, las columnas que se forman en las grutas por la unión de cada estalactita con la estalagmita que tenía debajo, de las que quizás tuvieron el modelo en algunas de las grutas cercanas a aquel lugar. La arquitectura ibérica se presenta en este Santuario en dos aspectos distintos: con carácter decorativo en los huecos practicados en las paredes, adornándolos con dos columnitas de la forma antedicha, que sirven de jambas a cada uno de ellos y en las ventanas y puertas de fachada e interiores de contornos propios y con forma monumental en las dos grandes columnas que se levantan desde el suelo al techo, parte izquierda del interior del Santuario Es indudable que las dos grandes columnas que hemos mencionado y muchas de las pequeñas fueron talladas en la piedra por la mano del hombre, pero sin hacer un estudio detenido no se puede afirmar concretamente que todas estas columnitas procedan del mismo trabajo y que no haya ninguna de origen natural, aunque tampoco hay duda que para conseguir su completo relieve, la roca está perforada con herramientas rudimentarias en todo el contorno de ellas. Hay, además, un friso de unos veinte centímetros de altura sobre la pared en su unión con el techo, formado por muchas columnas pequeñas de tres a cinco centímetros de diámetro, que parece ser de formación natural. En el aspecto de conjunto de la pared en la que se manifestaban las esculturas representativas de las divinidades adoradas, se observa una armónica simetría que demuestra la intervención del hombre en su construcción. La hornacina central es de mayores proporciones que las laterales, que solamente están iniciados y en la parte alta de las columnas que limitan su abertura se dobla un ángulo poco mayor que un recto, cruzándose en el centro para formar la de la derecha una cornisa toscamente labrada que cierra, en forma decorativa, las hornacinas de la izquierda; este conjunto es una clara representación del nivel artístico de sus ejecutores.

En el centro de la cueva y un poco hacia el E. aparece la gran abertura de entrada a la caverna, que por estar a dos metros de altura tiene el acceso utilizando un escalonado grosero que formaron al arrancar trozos de la roca sin regularidad determinada, siendo su extensión de unos 32 m2. Si no se encuentra otra justificación al hecho de estar construida a tal altura, cabe pensar que se hiciera así para la más fácil defensa de sus moradores.

Siguiendo hacia la izquierda se presenta a la vista una de las composiciones arquitectónicas más interesantes que pueden admirarse en aquel local, formada por una meseta en forma de corona circular situada a unos, dos metros de altura sobre el suelo, y cubierta por una bóveda que se apoya por uno de sus contornos laterales en la pared y por el otro en una de las grandes columnas antes mencionadas, a la que rodea aproximadamente en la cuarta parte, formando como una gran hornacina que deja al descubierto el contorno de la columna en toda la altura de esta cavidad. El paramento, izquierdo de dicho hueco está adornado por una columnita muy imperfecta de su misma altura, incrustada en el muro y esta construcción debió servir para presentar alguna otra escultura idolatrada.

El Santuario comunica con una cueva vaciada en ¡a pudinga por medio de un pasillo, en cuyo paramento de la derecha y a una altura de un metro y medio existe otra hornacina decorada en sus esquinas con dos columnitas idénticas a las que adornan a las otras. En esta cavidad se observa una mayor perfección constructiva que en las demás y al final del arco que forma su techo tiene mayor altura en forma de bóveda esférica y por un orificio situado en el rincón de la derecha del suelo comunica con el Santuario, cuyo objeto desconocemos, aunque es de suponer que su fin fuera para iluminar las esculturas por su parte posterior, lo mismo que en la descrita anterior-mente. La ejecución de estas obras es sumamente tosca.

En la planta y en el alzado, se representan el interior y la fachada de la cueva que, acaso, fue vivienda de los sacerdotes y jefes de la tribu que habitasen todas las demás cuevas diseminadas por aquellos alrededores. Su distribución interior es interesante y obedece, al parecer, a un plan determinado, pues tiene en su entrada un muro monolítico hecho al excavar la pudinga, formando como un zaguán, cuya planta, la del interior, la de la caverna de la izquierda y la de la derecha, difieren entre sí sesenta centímetros de altura, respectivamente

La composición arquitectónica del conjunto que forman las fachadas de las cuevas contiguas al Santuario es muy agradable y ofrece al exterior un galardón de la cultura de los artífices que las construyeron, presentando caracteres definidos; las aberturas de las puertas tienen un contorno de forma parabólica, la de las ventanas son trapecios curvilíneos, y tanto los dinteles como los umbrales tienen su concavidad hacia abajo, la ventana de la cueva, que es igual a la de otra cuya construcción que está iniciada, pero con idénticas formas y dimensiones, y como ambas ventanas tienen cada una un plano vertical de simetría bastante bien conseguida, y como, por otra parte, es una forma definida, puede admitirse que represente un estilo. Lo mismo ocurre con las aberturas de entrada, las que tienen, como antes hemos dicho, forma parabólica; en cuanto a las entradas a las cavernas, tienen también un contorno bastante parecido al de las ventanas y difieren en que su dimensión horizontal es mucho mayor que la de ellas.

A la derecha del Santuario y unido a su esquina del oeste, hay un profundo bisel en la piedra en cuyo fondo se observa otra pequeña cavidad adornada como las demás, pero con una sola columna, y un poco a la derecha de ella existe, en bajo relieve, un cono de unos cincuenta centímetros de diámetro, por igual altura, que suponemos tuviese también un fin decorativo, y el 1 trabajo de estos dos elementos es más imperfecto que el de todos los demás descritos. Esta circunstancia y la forma del citado bisel nos sugiera la idea de que esto formaba parte de un primitivo templo que después se ampliaría excavando más profundamente aquellos estratos.

La unidad de forma decorativa empleada profusamente en este local, hace suponer la estilización de un arte, y si los arqueólogos no encontraren ni reconociesen que esta forma artística tenga procedencia exótica de pueblos más viejos, hay que pensar en la existencia de un arte rudimentario propio de los iberos que tiene una genuina representación en este templo construido por ellos.

Las dos covachuelas descritas anteriormente, la gran caverna a la que sirve de paso el local del Santuario y las dos más pequeñas que existen en el fondo de cueva contigua a él tienen una altura tal, que no permite la estancia en ellas de un hombre de pie, aunque sea de pequeña talla. Esta modalidad constructiva nos hace suponer que estas habitaciones fuesen destinadas exclusivamente para el reposo y es curioso consignar aquí que las restantes cuevas, que serán objeto de otro trabajo, tienen el techo más elevado que éstas a las que nos referimos.

Una demostración que elimina la duda sobre el origen constructivo del Santuario y de sus cuevas contiguas, es el hecho de que delante de ellos hay diseminados algunos centenares de metros cúbicos de bloques de piedra, mientras que en otros sitios más bajos también que el afloramiento pétreo no hay ningunas piedras, lo que permite afirmar que las existentes allí proceden de la excavación constructiva de las citadas cuevas.

Como hasta ahora todos los trabajos de investigación histórica hechos sobre este Santuario se han limitado al estudio de los exvotos y demás objetos hallados en su proximidad, llamemos la atención de la Real Academia de la Historia, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del Instituto de Estudios Jiennenses y de la Dirección General del Turismo, por si consideran conveniente hacer un estudio más completo de este monumento ibérico que se destaca de sus pocos coetáneos porque en él se con­servan intactos, a través de tantos siglos, los elementos descritos que pueden ser para los idóneos un manantial luminoso capaz de deshacer algunas tinieblas de las que han impedido llegar al conocimiento completo de la religión, costumbres, arte y cultura en general de aquellos pueblos.

Juan de Dios González Carral

Descubierta en 1947, en el lugar llamada El Campillo. Tiene una longitud de 50 m x 2’5 de ancho, bordeada por escalones laterales lo que parece indicar que fuera calle de una ciudad de la que se ha descubierto diversas viviendas y un pozo rectangular unido a un depósito; existe una segunda calle perpendicular a la anterior en cuyo cruce se desenterró una basa de columna, quizá de un importante edificio público allí situado

Otros hallazgos han sido los de una necrópolis, con un pozo de 6 m. de profundidad y 1’5 de diámetro que tan solo contenía cenizas, por lo que parece sería un fosa común para el enterramiento de esclavos. Pedestales de estatuas y capiteles de columnas que nos hablan de la importancia del asentamiento romano.

En 1967 se descubrió una escultura de bronce que representa un sacerdote, parecida a los exvotos ibéricos del Santuario; con una diferencia importante: tiene una base que la mantiene de pie, mientras que en las del Santuario tenía un macho para ser clavado en tierra.

Desde el Campillo hasta el río Guadalimar los hallazgos funerarios han sido numerosos y de diferentes épocas romanas, del siglo II al IV de nuestra era. El más importantes, descubierto en 1861 son las sepulturas de los Fulvios, realizada por encargo de sus hijos (Fulvía Germana y Fulvio Sueto) para sus padres Lucio Fulvio Camalo y Milia Presentina, según se lee en la tapa de piedra que cubría la sepultura. A poca distancia se han encontrado sepulturas de cerámica o cistas que formaban parte de un importante cementerio.

Se inauguró el 29 de Agosto de 1998, va instalado en La Torre Vigía o Torre del Homenaje, en el patio del Palacio de Medinaceli.

Se puede visitar los jueves, sábados y festivos de 11 a 13 y de 18 a 20 horas. Para visitas en grupo se debe llamar antes al Ayuntamiento, tlf. 953 46 00 05.

Con sucesivas aportaciones del Museo Arqueológico de Jaén, constituidas por cientos de piezas ibéricas sobre todo exvotos (restaurados el pasado verano en Úbeda) y hallados en las Cuevas de la Lobera, se ha formado el núcleo de esta exposición, distribuidos en las dos plantas de la Torre-Vigía.

En la planta sótano junto a los exvotos, se puede contemplar, gracias al suelo de cristal, la excavación que ha dejado a la vista vasijas y cantaros romanos, junto a un pozo de aguas aluviales. La foto siguiente recoge un momento de la visita a dicha sala.

El atractivo de la visita es grande: Contemplar una torre medieval, las maravillosas vistas desde la terraza y ser de los primeros en ver piezas ibéricas; la mayoría por vez primera expuestas al público; encontramos exvotos, hachas, falcadas, cerámica etc. etc. que se irán renovando en los próximos meses: Están catalogadas en total más de 4.000 piezas.

En el primer piso o Salón del Reino se visita el resto de piezas, que se encuentras bien iluminadas en vitrinas de metacrilato. Esta sala es de grandes proporciones, llamando la atención la altura de la misma.

La Guardia Civil rescata 454 piezas de arte ibérico en Castellar.


31 de Agosto. Valentín Romero Castillo, un policía jubilado ahora en libertad provisional, atesoraba 454 piezas expoliadas al parecer del santuario ibérico de Castellar, situado en una finca de su propiedad, y que tenía colgadas en las paredes de sus viviendas de Castellar y Jaén.

Se trata de exvotos ibéricos, que se utilizaban como ofrendas de agradecimiento a los dioses. Además, se han recuperado 312 monedas correspondientes a distintos periódicos históricos, del romano al musulmán, 27 puntas de flecha, platos de cerámica ibérica, botones de bronce, aros y ocho hachas de la edad del bronce.

La operación, a la que se la ha denominado Sotillo, se ha desarrollado a instancias de una denuncia interpuesta por la Presidenta de la Asociación de Amigos de los Iberos, Pilar Palazón.

La expoliación de yacimientos arqueológicos es práctica habitual y antigua en la provincia y la propia alcaldesa de Castellar ha declarado que es algo común en la zona y que se ve impotente para salvaguardar el abundante patrimonio arqueológico de la zona.

Desde 1995, la Guardia Civil ha registrado 17 delitos y 226 infracciones relacionadas con el patrimonio, que han provocado 17 detenciones.

El santuario ibérico de Castellar, uno de los más importantes de España, se encuentra situado en lo que se conoce como "los Altos del Sotillo", a una distancia de 1,5 o 2 kilómetros del núcleo de la localidad, en la carretera Linares-Orcera. Dentro de este santuario, cabe destacar el núcleo central constituido por la conocida "cueva de la lobera" así como una serie de cuevas más anexas hasta un total de cinco y que podrían tratarse de viviendas que actualmente se encuentran en un lamentable estado de deterioro provocado por el paso del tiempo y por el abandono ciudadano e institucional. Este santuario de la Lobera se puede encuadrar cronológicamente en torno al siglo V a de C. aunque también se han encontrado niveles de ocupación de gran relevancia entre el siglo IV y III a. de C. El santuario se compone a grosso modo de una especie de mesa de piedra a su entrada que se adentra unos metros más hasta el fondo del mismo estando rodeado por una terraza de piedras con una importante pendiente y desde donde se domina toda un valle con vistas a Sierra Morena y la propia Muela. Una característica común del santuario es su difícil acceso por la propia dureza del terreno así como por estar rodeado de fuentes, muchas de las cuales en la actualidad se encuentran agotadas por la falta de lluvias. Este yacimiento arqueológico, de vital importancia para Castellar comenzó a ser estudiado en al año 1914, aunque los continuos e innumerables expolios a los que se ha visto sometido a lo largo del tiempo han dificultado la labor de los expertos en las distintas etapas de prospecciones, así se pueden encontrar exvotos de bronce, procedentes de este lugar repartidos por todo el mundo, París, Londres, Nueva York...

Los exvotos de bronce, de unas dimensiones que oscilan entre los 2 y 14 centímetros son característicos del santuario de los Altos del Sotillo, unos bronces con representaciones humanas masculinas y femeninas así como distintas representaciones de partes del cuerpo humano como piernas, manos, etc. e incluso animales domésticos, destacando los caballos, carneros...

Cabe destacar en la propia variedad de bronces aparecidos el trabajo del artesano, encontrándose figuras de un gran trabajo y elaboración con el gusto por el detalle tanto en el vestido como en los rasgos humanos y unos bronces esquemáticos donde sobre una pequeña barra de bronce se trabajaba destacando fundamentalmente lo que sería la cabeza. En la elaboración de estos bronces de más belleza plástica cabe destacar la técnica de la cera perdida donde una figura se trabajaba sobre la cera que a su vez se recubría de tierra y se calentaba hasta que la cera se derretía y su puesto era ahora ocupado por el bronce que se introducía en este molde por un pequeño orificio, normalmente en la parte baja o lo que serían los pies. Una vez acabada la pieza ésta se limaba para acabar con cualquier tipo de imperfección en la fundición y a su vez se pulían y en muchas ocasiones, dependiendo del trabajo sobre la propia figura de cera los rasgos faciales o naturales de la figura se trabajaban directamente con un punzón o buril. Dentro del significado general de los exvotos cabe decir que éstos son pequeñas esculturas sacras de bronce, caso del santuario de castellar, aunque también existen de arcilla o piedra. El tipo de representaciones suelen indicar una ofrenda, una plegaria de curación, con lo que serían las distintas partes del cuerpo humano, de fecundidad, de protección, etcétera, teniendo en cuenta que aunque en un principio el acceso a las distintas divinidades era elitista, el acceso a lo sagrado fue ampliándose poco a poco a sectores de población más amplios que celebraban las distintas prácticas rituales de intercesión con la divinidad.

A una distancia comprendida entre 1.300 y 1.800 mts. al N. E. de Castellar, existe una ladera muy empinada que enfrenta al N. en la que, en la dirección de su longitud, afloran dos bancos pétreos paralelos de espesor variable que llega hasta unos diez metros, impidiendo el acceso desde los terrenos inferiores a ellos, a otros más altos. Los materiales que componen estos muros naturales pertenecen a la era geológica terciana y al producirse su levantamiento orogénico, se dislocaron los estratos en aquel sitio, hasta el punto de presentar cortaduras, grietas y oquedades que sirvieron de refugio alas tribus nómadas de la prehistoria, a las sedentarias que luego las ocuparon y en las que, acaso en los albores de la historia, construyeron el célebre Santuario Ibérico del que a continuación nos ocupamos.

Los citados afloramientos están compuestos por la superposición de estratos alternativos de pudingas y dolomías pertenecientes al período mioceno, y siguiendo el de mayor altitud en el sentido S. O. a N. O., encontramos primeramente una covachuela excavada en la pudinga a la que sirve de pavimento un estrato de dolomía. La abertura es de 2'20 metros de anchura por 0'90 mts. de altura y 2'20 de profundidad. En el fondo existen dos huecos horizontales de sección rectangular de unos 30 por 40 centímetros y un metro de hondura, separados por un macizo de medio metro, y enrasados con el techo hay otros dos socavoncillos aproximadamente iguales a los del suelo, pero más profundos en sentido horizontal.

A los nueve metros más adelante, hay otra cueva vaciada asimismo en la pudinga la mitad de su altura y en la dolomía el resto. Sus dimensiones son algo mayores que la de la anterior, excepto la altura que es igual, presentando asimismo dos huecos practicados en la dolomía, de un metro defondo, también en dirección horizontal. Es aventurado el afirmar rotundamente el uso a que destinaran estos pequeños departamentos, aunque es lógico suponer que se empleaban para guardar utensilios y conservar alimentos.

Avanzando setenta metros más, llegaremos a la gran cueva que fue Santuario Ibérico y, estudiado en su aspecto constructivo, podemos observar que no existiendo cavernas subterráneas en las rocas del mioceno, al producirse la fractura de los estratos y emerger los de un lado de ella sobre los del otro no podían quedar a la vista grandes cavidades, sino un corte en forma de bisel en el que las partes altas son las más salientes siendo aprovechada esta configuración para excavar en ella la gran cueva que formó el Santuario, y como, además, la regularidad de su interior no es natural, se puede afirmar, con escasas probabilidades de desacierto, que aquella monumental cueva fue construida por los hombres. Toda perforación está hecha en la pudinga que alcanza allí un espesor de siete metros, por lo menos, y como los medios con que contaban eran muy deficientes, hay que pensar que para facilitar su trabajo lo iniciarían en una ancha grieta vertical que, seguramente, llegaría hasta el suelo y ahora aparece a través de la techumbre. La abertura de entrada es de igual longitud y altura que la cueva, a las que corresponden, respectivamente, veintisiete metros y cinco y medio, o sea, que el Santuario está abierto en todo su frente exterior, en el alzado y planta.

El techo es una gran bóveda alabeada que se apoya en el contorno interior, formada por el mismo conglomerado de un metro de espesor sobre el que descansa una gran losa de dolomías de cuatro metros de grueso y encima hay todavía unos cuantos estratos alternando las rocas antedichas. Solamente conociendo el gran espesor de las dos primeras capas citadas, puede explicarse la estabilidad de tan enorme bóveda, que, además, se prolonga por fuera de la línea de fachada más de dos metros a modo de marquesina y por el lado opuesto sirve también de techumbre a la gran caverna interior, presenta la particularidad de que el suelo de ella está unos dos metros más alto que la planta de la gran cueva que le sirve de acceso.

Es sorprendente la intuición cultural de aquellos hombres, eligiendo las rocas asequibles a los medios con que contaban para excavarlas y que pudieran a la vez ofrecer una seguridad absoluta de estabilidad después de perforadas al formar aquella gigantesca obra En todos los tiempos las concesiones artísticas se han inspirado en las formas naturales, en las geométricas o en ambas combinadas. Es muy interesante la decoración que emplearon los artistas iberos en este templo reproduciendo, como elemento ornamental, las columnas que se forman en las grutas por la unión de cada estalactita con la estalagmita que tenía debajo, de las que quizás tuvieron el modelo en algunas de las grutas cercanas a aquel lugar. La arquitectura ibérica se presenta en este Santuario en dos aspectos distintos: con carácter decorativo en los huecos practicados en las paredes, adornándolos con dos columnitas de la forma antedicha, que sirven de jambas a cada uno de ellos y en las ventanas y puertas de fachada e interiores de contornos propios y con forma monumental en las dos grandes columnas que se levantan desde el suelo al techo, parte izquierda del interior del Santuario Es indudable que las dos grandes columnas que hemos mencionado y muchas de las pequeñas fueron talladas en la piedra por la mano del hombre, pero sin hacer un estudio detenido no se puede afirmar concretamente que todas estas columnitas procedan del mismo trabajo y que no haya ninguna de origen natural, aunque tampoco hay duda que para conseguir su completo relieve, la roca está perforada con herramientas rudimentarias en todo el contorno de ellas. Hay, además, un friso de unos veinte centímetros de altura sobre la pared en su unión con el techo, formado por muchas columnas pequeñas de tres a cinco centímetros de diámetro, que parece ser de formación natural. En el aspecto de conjunto de la pared en la que se manifestaban las esculturas representativas de las divinidades adoradas, se observa una armónica simetría que demuestra la intervención del hombre en su construcción. La hornacina central es de mayores proporciones que las laterales, que solamente están iniciados y en la parte alta de las columnas que limitan su abertura se dobla un ángulo poco mayor que un recto, cruzándose en el centro para formar la de la derecha una cornisa toscamente labrada que cierra, en forma decorativa, las hornacinas de la izquierda; este conjunto es una clara representación del nivel artístico de sus ejecutores.

En el centro de la cueva y un poco hacia el E. aparece la gran abertura de entrada a la caverna, que por estar a dos metros de altura tiene el acceso utilizando un escalonado grosero que formaron al arrancar trozos de la roca sin regularidad determinada, siendo su extensión de unos 32 m2. Si no se encuentra otra justificación al hecho de estar construida a tal altura, cabe pensar que se hiciera así para la más fácil defensa de sus moradores.

Siguiendo hacia la izquierda se presenta a la vista una de las composiciones arquitectónicas más interesantes que pueden admirarse en aquel local, formada por una meseta en forma de corona circular situada a unos, dos metros de altura sobre el suelo, y cubierta por una bóveda que se apoya por uno de sus contornos laterales en la pared y por el otro en una de las grandes columnas antes mencionadas, a la que rodea aproximadamente en la cuarta parte, formando como una gran hornacina que deja al descubierto el contorno de la columna en toda la altura de esta cavidad. El paramento, izquierdo de dicho hueco está adornado por una columnita muy imperfecta de su misma altura, incrustada en el muro y esta construcción debió servir para presentar alguna otra escultura idolatrada.

El Santuario comunica con una cueva vaciada en ¡a pudinga por medio de un pasillo, en cuyo paramento de la derecha y a una altura de un metro y medio existe otra hornacina decorada en sus esquinas con dos columnitas idénticas a las que adornan a las otras. En esta cavidad se observa una mayor perfección constructiva que en las demás y al final del arco que forma su techo tiene mayor altura en forma de bóveda esférica y por un orificio situado en el rincón de la derecha del suelo comunica con el Santuario, cuyo objeto desconocemos, aunque es de suponer que su fin fuera para iluminar las esculturas por su parte posterior, lo mismo que en la descrita anterior-mente. La ejecución de estas obras es sumamente tosca.

En la planta y en el alzado, se representan el interior y la fachada de la cueva que, acaso, fue vivienda de los sacerdotes y jefes de la tribu que habitasen todas las demás cuevas diseminadas por aquellos alrededores. Su distribución interior es interesante y obedece, al parecer, a un plan determinado, pues tiene en su entrada un muro monolítico hecho al excavar la pudinga, formando como un zaguán, cuya planta, la del interior, la de la caverna de la izquierda y la de la derecha, difieren entre sí sesenta centímetros de altura, respectivamente

La composición arquitectónica del conjunto que forman las fachadas de las cuevas contiguas al Santuario es muy agradable y ofrece al exterior un galardón de la cultura de los artífices que las construyeron, presentando caracteres definidos; las aberturas de las puertas tienen un contorno de forma parabólica, la de las ventanas son trapecios curvilíneos, y tanto los dinteles como los umbrales tienen su concavidad hacia abajo, la ventana de la cueva, que es igual a la de otra cuya construcción que está iniciada, pero con idénticas formas y dimensiones, y como ambas ventanas tienen cada una un plano vertical de simetría bastante bien conseguida, y como, por otra parte, es una forma definida, puede admitirse que represente un estilo. Lo mismo ocurre con las aberturas de entrada, las que tienen, como antes hemos dicho, forma parabólica; en cuanto a las entradas a las cavernas, tienen también un contorno bastante parecido al de las ventanas y difieren en que su dimensión horizontal es mucho mayor que la de ellas.

A la derecha del Santuario y unido a su esquina del oeste, hay un profundo bisel en la piedra en cuyo fondo se observa otra pequeña cavidad adornada como las demás, pero con una sola columna, y un poco a la derecha de ella existe, en bajo relieve, un cono de unos cincuenta centímetros de diámetro, por igual altura, que suponemos tuviese también un fin decorativo, y el 1 trabajo de estos dos elementos es más imperfecto que el de todos los demás descritos. Esta circunstancia y la forma del citado bisel nos sugiera la idea de que esto formaba parte de un primitivo templo que después se ampliaría excavando más profundamente aquellos estratos.

La unidad de forma decorativa empleada profusamente en este local, hace suponer la estilización de un arte, y si los arqueólogos no encontraren ni reconociesen que esta forma artística tenga procedencia exótica de pueblos más viejos, hay que pensar en la existencia de un arte rudimentario propio de los iberos que tiene una genuina representación en este templo construido por ellos.

Las dos covachuelas descritas anteriormente, la gran caverna a la que sirve de paso el local del Santuario y las dos más pequeñas que existen en el fondo de cueva contigua a él tienen una altura tal, que no permite la estancia en ellas de un hombre de pie, aunque sea de pequeña talla. Esta modalidad constructiva nos hace suponer que estas habitaciones fuesen destinadas exclusivamente para el reposo y es curioso consignar aquí que las restantes cuevas, que serán objeto de otro trabajo, tienen el techo más elevado que éstas a las que nos referimos.

Una demostración que elimina la duda sobre el origen constructivo del Santuario y de sus cuevas contiguas, es el hecho de que delante de ellos hay diseminados algunos centenares de metros cúbicos de bloques de piedra, mientras que en otros sitios más bajos también que el afloramiento pétreo no hay ningunas piedras, lo que permite afirmar que las existentes allí proceden de la excavación constructiva de las citadas cuevas.

Como hasta ahora todos los trabajos de investigación histórica hechos sobre este Santuario se han limitado al estudio de los exvotos y demás objetos hallados en su proximidad, llamemos la atención de la Real Academia de la Historia, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del Instituto de Estudios Jiennenses y de la Dirección General del Turismo, por si consideran conveniente hacer un estudio más completo de este monumento ibérico que se destaca de sus pocos coetáneos porque en él se con­servan intactos, a través de tantos siglos, los elementos descritos que pueden ser para los idóneos un manantial luminoso capaz de deshacer algunas tinieblas de las que han impedido llegar al conocimiento completo de la religión, costumbres, arte y cultura en general de aquellos pueblos.

Juan de Dios González Carral

Descubierta en 1947, en el lugar llamada El Campillo. Tiene una longitud de 50 m x 2’5 de ancho, bordeada por escalones laterales lo que parece indicar que fuera calle de una ciudad de la que se ha descubierto diversas viviendas y un pozo rectangular unido a un depósito; existe una segunda calle perpendicular a la anterior en cuyo cruce se desenterró una basa de columna, quizá de un importante edificio público allí situado

Otros hallazgos han sido los de una necrópolis, con un pozo de 6 m. de profundidad y 1’5 de diámetro que tan solo contenía cenizas, por lo que parece sería un fosa común para el enterramiento de esclavos. Pedestales de estatuas y capiteles de columnas que nos hablan de la importancia del asentamiento romano.

En 1967 se descubrió una escultura de bronce que representa un sacerdote, parecida a los exvotos ibéricos del Santuario; con una diferencia importante: tiene una base que la mantiene de pie, mientras que en las del Santuario tenía un macho para ser clavado en tierra.

Desde el Campillo hasta el río Guadalimar los hallazgos funerarios han sido numerosos y de diferentes épocas romanas, del siglo II al IV de nuestra era. El más importantes, descubierto en 1861 son las sepulturas de los Fulvios, realizada por encargo de sus hijos (Fulvía Germana y Fulvio Sueto) para sus padres Lucio Fulvio Camalo y Milia Presentina, según se lee en la tapa de piedra que cubría la sepultura. A poca distancia se han encontrado sepulturas de cerámica o cistas que formaban parte de un importante cementerio.

Se inauguró el 29 de Agosto de 1998, va instalado en La Torre Vigía o Torre del Homenaje, en el patio del Palacio de Medinaceli.

Se puede visitar los jueves, sábados y festivos de 11 a 13 y de 18 a 20 horas. Para visitas en grupo se debe llamar antes al Ayuntamiento, tlf. 953 46 00 05.

Con sucesivas aportaciones del Museo Arqueológico de Jaén, constituidas por cientos de piezas ibéricas sobre todo exvotos (restaurados el pasado verano en Úbeda) y hallados en las Cuevas de la Lobera, se ha formado el núcleo de esta exposición, distribuidos en las dos plantas de la Torre-Vigía.

En la planta sótano junto a los exvotos, se puede contemplar, gracias al suelo de cristal, la excavación que ha dejado a la vista vasijas y cantaros romanos, junto a un pozo de aguas aluviales. La foto siguiente recoge un momento de la visita a dicha sala.

El atractivo de la visita es grande: Contemplar una torre medieval, las maravillosas vistas desde la terraza y ser de los primeros en ver piezas ibéricas; la mayoría por vez primera expuestas al público; encontramos exvotos, hachas, falcadas, cerámica etc. etc. que se irán renovando en los próximos meses: Están catalogadas en total más de 4.000 piezas.

En el primer piso o Salón del Reino se visita el resto de piezas, que se encuentras bien iluminadas en vitrinas de metacrilato. Esta sala es de grandes proporciones, llamando la atención la altura de la misma.

La Guardia Civil rescata 454 piezas de arte ibérico en Castellar.

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31 de Agosto. Valentín Romero Castillo, un policía jubilado ahora en libertad provisional, atesoraba 454 piezas expoliadas al parecer del santuario ibérico de Castellar, situado en una finca de su propiedad, y que tenía colgadas en las paredes de sus viviendas de Castellar y Jaén.

Se trata de exvotos ibéricos, que se utilizaban como ofrendas de agradecimiento a los dioses. Además, se han recuperado 312 monedas correspondientes a distintos periódicos históricos, del romano al musulmán, 27 puntas de flecha, platos de cerámica ibérica, botones de bronce, aros y ocho hachas de la edad del bronce.

La operación, a la que se la ha denominado Sotillo, se ha desarrollado a instancias de una denuncia interpuesta por la Presidenta de la Asociación de Amigos de los Iberos, Pilar Palazón.

La expoliación de yacimientos arqueológicos es práctica habitual y antigua en la provincia y la propia alcaldesa de Castellar ha declarado que es algo común en la zona y que se ve impotente para salvaguardar el abundante patrimonio arqueológico de la zona.

Desde 1995, la Guardia Civil ha registrado 17 delitos y 226 infracciones relacionadas con el patrimonio, que han provocado 17 detenciones.

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